jueves, enero 21, 2010

ROMANCE DEL ACABÓSE




José Antonio OCHAITA
(Español)

Aquello puede acabarse
del modo que te convenga.

Yo te prometo colgarme
en el pescuezo una piedra
y echarme de noche al río
sin que tú misma lo sepas.

Yo estoy dispuesto a cargar
con la pólvora más negra
un cachorrillo de hierro
y que las sienes me muerda.

Yo buscaré un escorpión
de uña retorcida y negra
y dejaré que en mi pecho
toda su ponzoña vierta.

Esto se puede acabar
del modo que te convenga,
esta tarde o esta noche
o después, cuando amanezca.

Sólo con que tú me digas:
"Se acabó la historia aquélla."
Pero lo que no podrás
es que acabemos a medias.

Que en amistad trastoquemos
lo que fue pasión deshecha;
que tú vayas por la calle,
y yo por la calle venga,
y nos digamos "¡Adiós!"
como amigos que se encuentran.

Que tú digas: "¡Aquel tiempo!",
que yo diga: "¡Aquella fecha!",
y que los besos sorbidos
boca a boca, vena a vena,
no se nos pongan de pie
como claras bayonetas
y nos claven por cobardes
sobre la cruz de las piedras.

Amantes fuimos los dos,
que amarse no da vergüenza;
comimos el mismo pan,
pisamos la misma hierba,
y las paredes calladas
huelen, al que oler sepa,
a vida que hicimos juntos
llevando la misma senda.

Amantes fuimos los dos:
el fuego, tú; yo, la yesca;
tú, la soga; yo, el caldero;
tú, el aire; yo, la veleta;
Años enteros unidos
en una misma cadena
de sobresaltos y besos,
de conciencia y de inconciencia,
de quietud y de inquietud.
¡Ay, Dios, que si lo barruntan!
¡Ay, Dios, que si lo comentan!
¡Ay, que si me ven contigo!
¡Ay, que contigo me vean!

Besos entre sobresaltos;
entre amarguras, promesas.
Saber engañar a todos
y tener la verdad nuestra:
de estar por dentro casados
en una alianza secreta.
Casado estuve contigo,
arras fueron las estrellas,
y en el libro de la vida
quedó por siempre una fecha:
que era junio y era un día
que olía a cosas eternas.
Amantes fuimos los dos,
que amantes no da vergüenza.
Amantes fuimos de llanto,
amantes de complacencia,
amantes porque te di
todo lo que tú me dieras.
La vida tuya fue mía;
la mía, tú te la llevas.

Hasta ayer. Ayer me dices
claramente, por las buenas,
que nos conviene acabar
con aquella historia. ¡Aquélla!
Eso no nace de nuevo,
no la improvisas a ciegas,
eso, razón razonada,
"agua que viene de alberca
no se detiene ante nada".
¿Que vamos a acabar? Bueno;
como mejor te convenga.
Y estoy dispuesto a colgarme
en el pescuezo una piedra
y echarme de noche al río
sin que tú misma lo sepas.

¿Tú qué harás? ¿Entrarte a monja?
¿Beber solimán a ciegas?
¿Ponerte un ascua en las sienes
porque derritan su cera?
Sólo así podrá acabar
pasión que fue tan entera.
¿Pues otra cosa creías?
¿Pues otra cosa alimentas?
¿Qué amor se puede cambiar
en amistad sin ojeras?
¿Qué amantes y amigos son
como dos varas gemelas,
y que se corta la una
cuando la otra se seca?

¿Qué quien te tuvo en sus brazos
y saboreó tu lengua,
y hundió contigo la almohada,
junto a tu misma cabeza,
puede ser el amigo ese
que, cuando se le tropieza,
se le dice: "¡Adiós, amigo!",
y se sigue la vereda?

Pero ¿quién te ha trastornado,
quién te ha dado esa ceguera?
El amor, cuando es amor,
sólo tiene dos certezas:
el odio, verdad de sangre;
la muerte, certeza negra.
¿Qué vamos a acabar? Bueno;
como mejor te convenga.
Pero ¿amigos? ¡Nunca! ¡Nunca!
Te estoy deseando muerta,
me estoy deseando muerto,
pero sin amor a medias.

Si tú quieres, llámame;
yo te llamaré si esperas.
¡Hazme el nudo corredizo;
eche yo el nudo a tu cuerpo,
acabemos esta vida
que por tanto amor te pesa!
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lunes, enero 11, 2010

GRATIA PLENA



Amado NERVO
(Mexicano, 1870-1919)


Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar...
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

Ingenua como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como Margarita sin par,
al influjo de su alma celeste amanecía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

Cierta dulce y amable dignidad la investía
de no sé qué prestigio lejano y singular,
más que muchas princesas, princesa parecía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar
y cadencias arcanas halló mi poesía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

¡Cuánto, cuánto la quise!... Por diez años fue mía,
pero flores tan bellas nunca pueden durar...
Era llena de gracia, como el Avemaría,
y a la fuente de gracia, de donde procedía,
se volvió... como gota que se vuelve a la mar...
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EN PAZ




Amado NERVO
(Mexicano, 1870-1919)

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.

porque veo, al final de mi rudo camino,
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las- mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas;
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tú solo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
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EL DÍA QUE ME QUIERAS



Amado NERVO
(Mexicano, 1870-1919)

Y el día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio.
Con notas de Beethoven gimiendo en cada rayo
sus inefables cosas...,
y habrá juntas más rosas
¡que en todo el mes de mayo!...

Mil fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cantarinas
¡el día que me quieras!

El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán de cantos nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

¡Cogidas de las manos, cual rubias hermanitas
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras!...
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!...

Al reventar el alba del día que me quieras...
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en cada estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos;

¡El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa, cada arrebol miraje
de las Mil y una noches, cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar!...
¡El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios!...
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sábado, enero 09, 2010

PLEGARIA




Gabriela MISTRAL
(Chilena, 1889-1957)

Señor, Tú sabes cómo con encendido brío
por los seres extraños mi plegaria te invoca.
Ahora vengo a pedirte por uno que era mío
mi vaso de frescura, el panal de mi boca.

Cal de mis huesos, dulce razón de la jornada,
gorjeo de mi oído, ceñidor en mi veste.
Me cuido hasta de aquellos en que no puse nada
¡no pongas gesto torvo si te pido por éste!

Te digo que era bueno, te digo que tenía
el corazón entero a flor de pecho, que era
suave de índole, franco como la luz del día,
-henchido de milagro como la Primavera.

Tú me replicas duro, que es de plegaria indigno
el que no untó de preces sus dos labios febriles
y se fue aquella tarde sin esperar tu signo
trizándose las sienes como vasos sutiles.

Pero yo, mi Señor, te arguyo que he tocado,
de la misma manera que el nardo de su frente
todo su corazón dulce y atribulado
¡y tenía la seda del capullo naciente!

¿Qué fue cruel? Olvidas, Señor, que lo quería
y que él sabía suya la entraña que llagaba.
¿Qué enturbió para siempre mis linfas de alegría?
¡No importa! Tú comprendes: yo le amaba, le amaba.

Y amor -bien sabes de eso- es amargo ejercicio:
un mantener los párpados de lágrimas mojados,
un refrescar de besos las trenzas del cilicio,
conservando bajo ellas los ojos extasiados..

El hierro que taladra tiene un gustoso frío
cuando abre, cual gavillas, las carnes amorosas
y la cruz -Tú te acuerdas, oh Rey de los Judíos-
se lleva con blandura como un gajo de rosas.

Aquí me estoy, Señor, con la cara caída
sobre el polvo, parlándote un crepúsculo entero
o todos los crepúsculos a que alcance la vida,
si tardas en decirme la palabra que espero.

Fatigaré tu oído de preces y sollozos,
lamiendo, lebrel tímido, los bordes de tu mano,
y ni pueden herirme tus ojos amorosos
ni esquivar tu pie el riego caliente de mi llanto.

Di el perdón, dilo al fin. Va a esparcir en el viento
tu palabra, el perfume de cien pomos de olores
al vaciarse, toda agua será deslumbramiento:
el yermo echará flor y el guijarro esplendores.

Se mojaron los ojos oscuros de las fieras
y comprendiendo el monte que de piedra forjaste,
-llorará por los párpados blancos de sus neveras...
-¡Toda la tierra tuya sabrá que perdonaste!
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VERSOS SENCILLOS




José Julián MARTÍ
(Cubano, 1853-1895)

Por tus ojos encendidos
y lo mal puesto de un broche,
pensé que estuviste anoche
jugando a juegos prohibidos.

Te odié por vil y alevosa:
te odié con odio de muerte:
náusea me daba verte
tan villana y tan hermosa.

por la esquela que vi
sin saber cómo ni cuándo,
sé que estuviste llorando
toda la noche por mí.
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LA NIÑA DE GUATEMALA




José Julián MARTÍ
(Cubano, 1853-1895)

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirio los ramos,
y las orlas de reseda
y de jazmín: la enterramos
en una caja de seda.

...Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores.

.. .Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer;
ella se murió de amor.

Como de bronce candente
al beso de despedida
era su frente -la frente
que más he amado en mi vida.

...Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío:
yo sé que murió de amor.

Allí en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos;
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto
a ver a la que murió de amor.
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viernes, enero 08, 2010

DICEN...




Manuel MAGALLANES MOURE
(Chileno, 1878-1924)

ELLA DICE:
Sus ojos suplicantes me pidieron
una tierna mirada, y por piedad
mis ojos se posaron en los suyos...
Pero él me dijo: ¡más!

Sus ojos suplicantes me pidieron
una dulce sonrisa, y por piedad
mis labios sonrieron a sus ojos...
Pero él me dijo: ¡más!

Sus manos suplicantes me pidieron
que les diera las mías, y en mi afán
de contentarlo, le entregué mis manos..
Pero él me dijo: ¡más!

Sus labios suplicantes me pidieron
que les diera mi boca, y por gustar
sus besos, le entregué mi boca trémula.
Pero él me dijo: ¡más!

Su ser, en una súplica suprema,
me pidió toda, ¡toda!, y por saciar
mi devorante sed, fui toda suya...
Pero él me dijo: ¡más!

DICE ÉL:
La pedí una mirada, y al mirarme
brillaba en sus pupilas la piedad
y sus ojos parece que decían:
¡No puedo darte más!

La pedí una sonrisa. Al sonreírme,
sonreía en sus labios la piedad
y sus ojos parece que decían:
¡No puedo darte más!

La pedí que sus manos me entregara,
y al oprimir las mías con afán,
parece que en la sombra me decía:
¡No puedo darte más!

La pedí un beso, ¡un beso!, y al dejarme
sobre sus labios el amor gustar,
me decía su boca toda trémula:
¡No puedo darte más!

La pedí, en una súplica suprema,
que me diera su ser..., y al estrechar
su cuerpo contra el mío me decía:
¡No puedo darte más!
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ROMANCE DE AQUEL HIJO...




Rafael de LEÓN
(Español, 1910-1982)

Hubiera podido ser
hermoso como un jacinto,
con tus ojos y tu boca
y tu piel color de trigo;
pero con un corazón grande
y loco como el mío.

Hubiera podido ir,
las tardes de los domingos,
de mi mano y de la tuya,
con su traje de marino,
luciendo una ancla en el brazo
y en la gorra un nombre antiguo.

Hubiera salido a ti
en lo dulce y en lo vivo
en lo abierto de la risa
y en lo claro del instinto;
y a mí, tal vez, que saliese
en lo triste y en lo lírico
y en esta torpe manera
de verlo todo distinto.

¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!...
Tres caballos, dos espadas,
un carro verde de pino,
un tren con siete estaciones,
un barco, un pájaro, un nido...
y cien soldados de plomo,
de plata y oro vestidos.

¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!...

¿Te acuerdas, aquella tarde,
bajo el verde de los pinos,
que me dijiste: -¡Qué gloria
cuando tengamos un hijo!...-
Y temblaba tu cintura
como un palomo cautivo,
y nueve lunas de sombra
brillaban de tu delirio.

Yo te escuchaba lejano,
entre mis versos, perdido;
pero sentí por mi espalda
subir un escalofrío,
y repetí como un eco:
-¡Cuando tengamos un hijo!...-

Tú, entre sueños, ya cantabas
nanas de sierra y tomillo,
e ibas lavando pañales
por las orillas de un río.
Yo, arquitecto de ilusiones,
sostenía el equilibrio
de una torre de esperanza
con un balcón de suspiros.

¡Ay, qué gloria, amor, qué gloria
cuando tengamos un hijo!...-

En tu cómoda de cedro
nuestro ajuar se quedó frío,
entre alhucema y manzana,
entre romero y membrillo.
¡Qué pálidos los encajes!
¡Qué sin gracia los vestidos!
¡Qué sin olor los pañuelos
y qué sin sangre el cariño!

Tu velo blanco de novia
-por su olvido y por mi olvido-
fue un camino de Santiago
doloroso y amarillo.
Tú te has casado con otro;
yo con otra he hecho lo mismo...

Juramentos y palabras
están secos y marchitos
en un antiguo almanaque
sin sábados ni domingos.

Ahora, bajas al paseo
rodeada de tus hijos,
dando el brazo a... la levita
que se pone tu marido.
Te llaman... ¡doña Manuela!;
usas guantes y abanico,
y tres papadas te cortan
en la garganta el suspiro.

Nos saludamos de lejos
como dos desconocidos;
tu marido baja y sube
la chistera; yo me inclino,
y tú sonríes sin gana
de un modo triste y ridículo.

Pero yo no me hago cargo
de que hemos envejecido,
porque te sigo queriendo
igual o más que al principio,
y te veo como entonces,
con tu cintura de lirio,
con un jazmín en los dientes
y a color como el trigo,
y aquella voz que decía:
-¡Cuando tengamos un hijo!...-

Y en esas tardes de lluvia,
cuando mueves los bolillos
y yo paso por la calle
con mi pena y con mi libro,
dices, con miedo, entre sombras,
amparada en el visillo:
-¡Ay, si yo con ese hombre
hubiese tenido un hijo!...
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PROFECÍA




Rafael de LEÓN
(Español, 1910-1982)

Me lo contaron ayer
las lenguas de doble filo
que te casaste hace un mes,
y me quedé tan tranquilo...
Otro cualquiera en mi caso
se hubiera echao a llorar;
yo, cruzándome de brazos,
dije, que me daba igual.
Nada de pegarme un tiro
ni enredarme en maldiciones,
ni apedrear con suspiros
los vidrios de tus balcones.
¿Que te has casao? ¡Buena suerte!
Vive cien años contenta
y a la hora de la muerte
Dios no te lo tenga en cuenta.
Que si al pie de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi mare
que no te guardo rencor.
Por qué sin ser tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
soy el que más te ha querío,
con eso tengo bastante.

Y haciendo un poco de historia,
nos volveremos atrás,
para recordar la gloria
de mis días de chaval.

¿Qué tiene el niño Malena?
Anda como trastornao
le encuentro cara de pena,
y el colorcillo quebrao.
Y ya no juega a la trompa,
ni tira piedras al río,
ni se destroza la ropa
subiéndose a cojer "níos".
¿No te parece a ti extraño?
¿No es una cosa muy rara
que un chaval de doce años
lleve tan triste la cara?...
Mira que soy perro viejo
y estás demasiá tranquila:
¿quieres que te dé un consejo:
Vigila, mujer, vigila
(Y fueron dos centinelas
los ojitos de mi mare):
Cuando sale de la escuela
se va por los Olivares.
¿Y qué es lo que busca allí?
Una niña. Tendrá el mismo
tiempo que él.
José Miguel, no le riñas
que está empezando a querer.
Mi pare encendió un pitillo,
se enteró bien de tu nombre
y te compró unos zarcillos
y a mí un pantalón de hombre.

Yo no te dije.- ¡Te adoro
pero amarré en tu balcón
mi lazo de seda y oro
de primera comunión.
Y tú fina y orgullosa
me ofreciste en recompensa
dos cintas color de rosa
que engalanaban tus trenzas.

—Voy a misa con mis primos
—Bueno te veré en la Ermita.
Y qué serios nos pusimos
al darte el agua bendita.

Más luego en el campanario
cuando rompimos a hablar:
Dice mi tiíta Rosario
que la cigüeña es sagrá
y el colorín y la fuente;
y las flores y el rocío,
y el romero de los montes
y el bronce de esta campana
y aquel torito valiente
que está bebiendo en el río,
y aquella cinta lejana
que le llaman horizonte.
Todo es sagrao, cielo y tierra,
porque too lo hizo Dios.

¿Qué te gusta más? ¡tu pelo!
Qué bonito le salió:
Pues -y tu boca y tus brazos
y tus manos redonditas,
y tus pies fingiendo el paso
de las palomas zuritas.

Con la pureza de un copo
de nieve te comparé,
te revestí de piropos
de la cabeza a los pies.
A la vuelta te hice un ramo
de pitiminí precioso.
Y luego nos retratamos
en el agüita del pozo.
Y hablando de estas pamplinas
que se inventan las criaturas,
llegamos hasta la esquina.
Yo te pregunté: —¿En qué piensas?
Tu dijiste -¡En darte un beso?-
Y yo sentí una vergüenza
que me caló hasta los huesos.
De noche muertos de luna
nos vimos por la ventana.
¡Chis!... Mi hermanito está en la cuna
le estoy cantando la "nana".

Quiíitate de la esquina
chiquillo loco,
que mi mare no
quiere ni yo tampoco.

Y mientras tú cantabas
yo, inocente, me pensé
que nos casaba la nana
como a marío y mujer.
¡Pamplinas! Figuraciones
que se inventan los chavales,
después la vía se impone:
tanto tienes, -tanto vales.
Por eso yo al enterarme
que llevas un mes casá
no dije que iba a matarme,
sino que me daba igual.
Mas como es rico tu dueño
te vendo esta profecía:
Tú, cada noche entre sueños
soñarás que me querías
y recordarás la tarde
que tu boca me besó.
Y te llamarás: ¡Cobarde!
como te lo llamo yo,
y verás sueña que sueña
que me morí siendo chico.
Y se llevó una cigüeña
"mi corazón en el pico".
Pensarás: No es cierto nada.
Yo sé que lo estoy soñando.
Pero allá en la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marío,
ni tu novio ni tu amante,
sino el que más te ha querío:
con eso tengo bastante.
Por lo demás, to se orvía.
Verás como Dios te envía
un hijo como una estrella.
Avísame deseguida
me servirá de alegría
cantarle la nana aquélla:
Quítate de la esquina
chiquillo loco,
que mi mare no quiere
ni yo tampoco.

Pensarás: No es cierto nada.
Yo sé que lo estoy soñando.
Pero allá en la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
sino el que más te ha querío:
con eso tengo bastante.
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TOÍTO TE LO CONSIENTO





Rafael de LEÓN
(Español, 1910-1982)

¿Te acuerdas de aquella copla
que escuchamos aquel día
sin saber quién la cantaba
ni de qué rincón salía?...
¡Qué encanto! ¿verdad?
¡Qué duende, qué sentimiento,
pero qué estilo, qué voz!
Creo que se nos saltaron
las lágrimas a los dos.

"Toíto te lo consiento,
menos faltarle a mi mare,
que una mare no se encuentra,
y a ti te encontré en la calle".

No vayas a figurarte
que esto va con intención;
tú sabes que por ti tengo
grabao en el corazón
el querer más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios, uno y trino,
le entregó por compañera.
Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares:
"Toíto te lo consiento,
menos faltarle a mi mare".

Y me enterao casualmente
de que le faltaste ayer.
Y nadie me lo ha contao,
nadie; pero yo lo sé.
Que tengo entre dos amores
mi cariño repartío;
si encuentro el uno llorando
es que el otro lo ha ofendío,
y mira, nunca me quejo
de tus caprichos constantes:
¿Quieres un vestío?... Catorce.
¿Quieres un reloj?... Con brillantes.
Ni me importa que la gente
vaya de mí murmurando
que si soy pa ti un muñeco,
que si me has quitao el mando...

Que en la diestra y la siniestra
tienes un par de agujeros,
por donde se va a los mares
el río de mis dineros.
Que yo con tal de que nunca...
de mi lao te separes...
"Toíto te lo consiento,
menos faltarle a mi mare".

Porque ese mimbre de luto
que no levanta la voz,
que en seis años no ha tenío
contigo ni un si ni un no,
que anda como una pavesa,
que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira.
Que me crió con su sangre
y me guiaba la mano
para que me persignara
como tó fiel cristiano;
y en las candelas del hijo
consumió su juventud
cuando era.. , cuarenta veces
mucho más guapa que tú,
tienes que hacerte la cuenta
que la has visto en los altares
e hincártele de rodillas
antes que hablarle a mi mare...
Porque el amor que te tengo
se lo debes a su amor.
Que yo me casé contigo
porque ella me lo mandó.

Conque a ver si tu conciencia
se aprende esta copla mía,
muy semejante aquel cante
que escucháramos un día,
sin saber quién lo cantaba
ni de qué rincón salía:

"A la mare de mi alma
la quiero desde la cuna.
Por Dios, no me la avasalles,
que mare no hay más que una
y a ti te encontré en la calle".
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PENA Y ALEGRÍA DEL AMOR




Rafael de LEÓN
(Español, 1910-1982)

Mira cómo se me pone
la piel cuando te recuerdo...

Por la garganta me sube
un río de sangre fresco
de la herida que atraviesa
de parte a parte mi cuerpo.
Tengo clavos en las manos
y cuchillos en los dedos
y en mi sien una corona
hecha de alfileres negros.

Mira cómo se me pone
la piel cada vez que me acuerdo
que soy un hombre casao
y sin embargo te quiero.

Entre tu casa y mi casa
hay un muro de silencio,
de ortigas y de chumberas,
de cal, de arena, de viento,
de madreselvas oscuras
y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca
lo pueda saltar el pueblo,
que está robando la llave
que guarda nuestro secreto.
¡Y yo sé bien que me quieres!
¡Y tú sabes que te quiero!
Y lo sabemos los dos
y nadie puede saberlo.

¡Ay pena, penita, pena
de nuestro amor en silencio!

¡Ay, qué alegría, alegría
quererte como te quiero!

Cuando por la noche a solas
me quedo con tu recuerdo,
derribaría la pared
que separa nuestro sueño,
rompería con mis manos
de tu cancela los hierros,
con tal de verme a tu vera,
tormento de mis tormentos,
y te estaría besando
hasta quitarte el aliento.
Y luego, qué se me daba
quedarme en tus brazos muerto.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Nuestro amor es agonía,
luto, angustia, llanto, miedo,
muerte, pena, sangre, vida,
luna, rosa, sol y viento.
Es morirse a cada paso
y seguir viviendo luego
con una espada de punta
siempre pendiente del techo.

Salgo de mi casa al campo
sólo con tu pensamiento,
por acariciar a solas
la tela de aquel pañuelo
que se te cayó un domingo
cuando venías del pueblo
y que no he dicho nunca,
mi vida, que yo lo tengo.
Y lo estrujo entre mis manos
lo mismo que un limón nuevo,
y miro tus iniciales
y las repito en silencio
para que ni el campo sepa
lo que yo te estoy queriendo.

Ayer, en la Plaza Nueva,
-vida, no vuelvas a hacerlo-
te vi besar a mi niño,
a mi niño el más pequeño,
y cómo lo besarías
¡ay Virgen de los Remedios!
que fue la primera vez
que a mí me diste un beso.

Llegué corriendo a mi casa,
alcé a mi niño del suelo
y sin que nadie me viera,
como un ladrón en acecho,
en su cara de amapola
mordió mi boca tu beso.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Mira, pase lo que pase,
aunque se hunda el firmamento,
aunque tu nombre y el mío
los pisoteen por el suelo,
aunque la tierra se abra
y aun cuando lo sepa el pueblo
y ponga nuestra bandera
de amor, a los cuatro vientos,
sígueme queriendo así,
tormento de mis tormentos.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero.
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SEXTA POESÍA VERTICAL




Roberto JUARROZ
(Argentino, 1925-1995)


Miro un árbol
Tú miras lejos cualquier cosa.
Pero yo sé que si no mirara este árbol
tú lo mirarás por mí
y tú sabes que si no miraras lo que miras
yo lo miraría por ti.

Ya no nos basta
mirar cada uno con el otro.
Hemos logrado
que si uno de los dos falta,
el otro mire
lo que uno tendría que mirar.

Sólo necesitamos ahora
fundar una mirada que mire por los dos
lo que ambos deberíamos mirar
cuando no estemos ya en ninguna parte.
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EL AMOR EMPIEZA






Roberto JUARROZ
(Argentino, 1925-1995)

El amor empieza cuando se rompen los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.
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jueves, enero 07, 2010

CUANDO NO ESTÉS




Córdova ITURBURU
(Argentino, 1902-1977)

Cuando no estés, si es que no estás un día,
Mi voz, sin voz, te llamará sin pausa.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
Oirás mi voz en un rumor que pasa.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
Clamaré por tu gracia en toda gracia.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
Moverá mi perfil la luna fría
en las cortinas que hay en tu ventana.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
sólo oiré en las palabras tu palabra.
Cuando no esté, si es que un no estoy un día,
verás mi sombra entre la sombra fría
junto a la cabecera de tu cama.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
en cada verso mío habrá una lágrima.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
me sentirás bajo la tarde fría
llegar a ti en el son de las campanas.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te buscaré en la tierra, el aire, el agua.
Cuando no esté, si es que no estoy un día
oirás mi paso entre la sombra fría
siguiéndote los pasos por la casa.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te inventaré en el humo y en la llama.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
sorprenderá la madrugada fría
mi mano en tu cabeza despeinada.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te invocará en el sueño mi esperanza.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
en tu sueño entraré en la noche fría
cuando el sueño te cubra con sus aguas.
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VIDA-GARFIO




Juana de IBARBOUROU
(Uruguaya, 1895-1979)

Amante: no me lleves, si muero, al camposanto.
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
alboroto divino de alguna pajarera
o junto a la encantada charla de alguna fuente.

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra
donde el sol me calienta los huesos, y mis ojos
alargados en tallos, suban a ver de nuevo
la lámpara salvaje de los ocasos rojos.

A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea
más breve. Yo presiento
la lucha de mi carne por volver hacia arriba,
por sentir en sus átomos la frescura del viento.

Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos
podrán estarse quietas.
Que siempre como topos arañarán la tierra
en medio de las sombras estrujadas y prietas.

Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen
en la greda amarilla de mis huesos menguados.
¡Por la parda escalera de las raíces vivas
yo subiré a mirarte en los lirios morados!
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LA HORA



Juana de IBARBOUROU
(Uruguaya, 1895-1979)

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora, que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora, que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.

Ahora, que en mis labios repica la risa
como la campana sacudida a prisa.

Después... ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. Oh, amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?
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EL FUERTE LAZO



Juana de IBARBOUROU
(Uruguaya, 1895-1979)

Crecí
para ti.
Tálame. Mi acacia
implora a tus manos el golpe de gracia.

Florí
para ti.
Córtame. Mi lirio
al nacer dudaba ser flor o ser cirio.

Fluí
para ti.
Bébeme. El cristal
envidia lo claro de mi manantial.

Alas di
por ti.
Cázame. Falena,
rodeo tu llama de impaciencia llena.

Por ti sufriré.
¡Bendito sea el daño que tu amor me dé!
¡Bendita sea el hacha, bendita la red,
y loadas sean tijeras y sed!

Sangre del costado
manaré, mi amado.
¿Qué broche más bello, qué joya más grata,
que por ti una llaga color escarlata?

En vez de abalorios para mis cabellos,
siete espinas largas hundiré entre ellos.
Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas,
como dos rubíes, dos ascuas bermejas.

Me verás reír viéndome sufrir.
Y tú llorarás,
y entonces... ¡más mío que nunca serás!
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miércoles, enero 06, 2010

BALADA DE LO QUE NO VUELVE




Vicente HUIDOBRO
(Chileno, 1893-1948)

Venía hacia mí por la sonrisa,
por el camino de su gracia,
y cambiaba las horas del día,
el cielo de la noche se convertía en el cielo del amanecer.
El mar era un árbol frondoso lleno de pájaros,
las flores daban campanadas de alegría
y mi corazón se ponía a perfumar enloquecido.

Van andando los días a lo largo del año.
¿En dónde estás?
Me crece la mirada,
se me alargan las manos,
en vano la soledad abre sus puertas
y el silencio se llena de tus pasos de antaño.
Me crece el corazón,
se me alargan los ojos y quisiera pedir otros ojos
para ponerlos allí donde terminan los míos.
¿En dónde estás ahora?
¿Qué sitio del mundo se está haciendo tibio con tu presencia?

Me crece el corazón como una esponja
o como esos corales que van a formar islas.
Es inútil mirar los astros
o interrogar las piedras encanecidas;
es inútil mirar ese árbol que te dijo adiós el último
y te saludará el primero a tu regreso.
Eres sustancia de lejanía
y no hay remedio.
Andan los días en tu busca,
a qué seguir por todas partes las huellas de tus pasos;
el tiempo canta dulcemente
mientras la herida cierra los párpados para dormirse.
Me crece el corazón
hasta romper sus horizontes
hasta saltar por encima de los árboles
y estrellarse en el cielo.
La noche sabe qué corazón tiene más amargura.

Sigo las flores y me pierdo en el tiempo
de soledad en soledad.
Sigo las olas y me pierdo en la noche
de soledad en soledad,
tú has escondido la luz en alguna parte.
¿En dónde? ¿En dónde?
Andan los días en tu busca,
los días llagados coronados de espinas
se caen, se levantan
y van goteando sangre.

Te buscan los caminos de la tierra
de soledad en soledad.
Me crece terriblemente el corazón,
nada vuelve,
todo es otra cosa,
se van las flores y las hierbas,
el perfume apenas llega como una campanada de otra provincia.

Vienen otras miradas y otras voces,
viene otra agua en el río,
vienen otras hojas de repente en el bosque,
todo es otra cosa,
nada vuelve.
Se fueron los caminos
se fueron los minutos y las horas
se alejó el río para siempre
como los cometas que tanto admiramos.

Desbordará mi corazón sobre la tierra
y el universo será mi corazón.
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EL RAYO QUE NO CESA



Miguel HERNÁNDEZ
(Español, 1910-1942)

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado
y del rostro y el beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.
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martes, enero 05, 2010

CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO




Miguel HERNÁNDEZ
(Español, 1910-1942)

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
aislado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
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PARA UN "MENÚ"



Manuel GUTIÉRREZ NÁJERA
(Mexicano, 1859-1895)

Las novias pesadas son copas vacías;
en ellas pusimos un poco de amor;
el néctar tomamos..., huyeron los días...
¡Traed otras copas con nuevo licor!

Champagne son las rubias de cutis de azalia;
Borgoña los labios de vino carmín;
los ojos oscuros son vino de Italia,
¡los verdes y claros son vino del Rhin!

Las bocas de grana son húmedas fresas;
las negras pupilas escancian café,
¡son ojos azules las llamas traviesas
que trémulas corren como almas del té!

La copa se apura, la dicha se agota;
de un sorbo tomamos mujer y licor...
Dejemos las copas... Si queda una gota,
¡que beba el lacayo las heces de amor!
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lunes, enero 04, 2010

TU RECUERDO


Nicolás GUILLÉN
(Cubano, 1902-1989)

Siento que se despega tu recuerdo
de mi mente como una vieja estampa;
tu figura
no tiene ya cabeza
y un brazo está deshecho, como en esas
calcomanías desoladas
que ponen los muchachos en la escuela
y son después en el libro olvidado
una mancha dispersa.

Cuando estrecho tu cuerpo
tengo la sensación de que estuviera hecho de estopa.
Me hablas y tu voz
me viene de tan lejos
que apenas puedo oírte. Además
ya no te creo.

Yo mismo, ya curado
de la pasión antigua,
me pregunto cómo fue que pude amarte,
tan inútil, tan vana,
tan floja que antes del año
de tenerte en mis brazos
ya te estás deshaciendo como un jirón de humo,
y ya te estás borrando como un dibujo antiguo,
y ya te me despegas en la mente,
como una vieja estampa.
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AL AMOR



Manuel GONZÁLEZ PRADA
(Peruano, 1853-1918)

Si eres un bien arrebatado al cielo,
¿por qué las dudas, el gemido, el llanto,
la desconfianza, el torcedor quebranto,
las turbias noches de febril desvelo?

Si eres un mal en el terrestre suelo,
¿por qué los goces, la sonrisa, el canto,
las esperanzas, el glorioso encanto,
las visiones de paz y de consuelo?

Si eres nieve, ¿por qué tus vivas llamas?;
si eres llama, ¿por qué tu hielo inerte?;
si eres sombra, ¿por qué la luz derramas?

¿Por qué la sombra si eres luz querida?;
si eres vida, ¿por qué me das la muerte?;
si eres muerte, ¿por qué me das la vida?
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12



Oliverio GIRONDO
(Argentino, 1891-1967)

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden y se entregan.
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ENCUENTRO


Antonio Alejandro GIL
(Argentino, 1884-1952)

La vi. ¡Qué mala pasada!
¡Qué desencanto, qué pena!
Su dulce cara morena
de virgen inmaculada,
ha sido hondamente arada
por un tiempo labrador.
No queda de aquel albor
ni el más mínimo destello;
ni el sello, siquiera el sello
de su pasado esplendor.
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domingo, enero 03, 2010

CENIZAS



Antonio Alejandro GIL
(Argentino, 1884-1952)

Superada la congoja,
sobrepasado el delirio,
del libro de aquel martirio
fui quemando hoja por hoja.
(También a la llama roja
arrojé mi corazón).
Ya no queda ni un renglón
de la historia de la pena;
si hasta creo que fue ajena
la pena de esa pasión.
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