sábado, noviembre 08, 2008

Hay un lugar que no sabemos

(S.E)

Duerme en las entrañas de un escrito, la triste insinuación de un desconcierto nada motivador, exagerado. Vean. Empieza así: Hay un lugar que yo me sé / en este mundo, nada menos, / adonde nunca llegaremos. Los versos han sido atildados, por supuesto con la lógica de ensombrecer el escenario, superponiendo antes que nada un énfasis melodramático, propicio para un desenlace incierto ya rutinario en el estilo de aquél autor europeizado que lo escribió. Y los versos siguen de este modo: Donde, aun si nuestro pie / llegase a dar por un instante / será, en verdad, como no estarse. Aparte de la lógica ausente, nula, en estos últimos versos la irracionalidad va expandiéndose con sonoridad concisa, mutilada, dando a entrever el autor que sus expresiones son, a golpe de coacciones tremendamente disimuladas para hacer que su literatura parezca espontánea (la evidencia está marcada por la simplicidad de sus palabras), una secuencia natural de pensamientos inspirados. En tanto, de lo imprevisto: Es ese un sitio que se ve / a cada rato en esta vida, / andando, andando de uno en fila. La ubicación geográfica como que forma parte del todo, cualquier rincón, o, mucho más cómodo, un lugar en la nada, que no existe. Es decir, aquí el autor nos embeleza con palabras sin ningún sentido, para explorar su falsa locura. Y entonces, señores, hemos llegado al clímax de este escrito. Lo que sigue: Más acá de mí mismo y de / mi par de yemas, lo he entrevisto / siempre lejos de los destinos, que son versos funestos, de muerte, nos transmite un deterioro casi fugaz, muy acompasados de un destierro inminente, que se deja notar en seguida: Ya podéis iros a pie / o a puro sentimiento en pelo, / que a él no arriban ni los sellos. El destino emerge, como se ve, sin escenarios previos, raudo, atiborrado de pasiones llevaderas que son, en la gracia de una mala invención, como ya dijimos, meras estimaciones. El horizonte color té / se muere por colonizarle / para su gran Cualquieraparte. ¡Y volver al punto de partida! ¡Inventar situaciones imprevistas! ¿Alguna puerta no, acaso? Desde luego, un poeta “Universal” no debe dejar escapar ningún detalle. (...) “Tal es el lugar que el se sabe”

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