sábado, noviembre 08, 2008

Poema 4


I
Detenerme un poco antes de saltar,
avizorar el precipicio y, en un segundo,
resolver el dilema que me advierte no seguir.

Detenerme, contraer la intención,
resistir al mal paso y dar la vuelta...
Y al girar encima de la nada,
escapando, huyendo,
también que los gritos se apaguen.

O volver en mí y abrazar al abismo,
contemplar el vacío con dulzura,
regocijarme sintiendo el ruido,
sudar con cada latido por extinguirse y,
a través de mis pasos livianos,
apresurar la marcha, seguir,
¡hasta que mi sangre se congestione
y mis músculos estallen de presión!
Después la calma, el sopor,
la cándida puerta entreabierta,
el sol, la mañana...

II
Que cuando mis ojos se cierren,
las Parodias que congestionaban mis alas,
se apoderen de ellas y tiñan de sangre mi ropaje.

Que las ventanas sean, a media tarde,
refugios sombríos de mis letanías,
y que el escenario de aquellas muestras,
fatalizado, entreabierto al suplicio,
sea la "puesta en escena" del perdón.

Que el atrio de tu cerviz, derruido ya,
sea un santuario clandestino y florido,
de muestras abstractas y disparejas.

III
¿Detenerme ahora?

0 comentarios:

Publicar un comentario