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lunes, abril 01, 2013

Estarás en mi memoria



Estarás en mi memoria, por ser: 

La noche iluminada de los sueños que persigo. A veces oscura, fría, sin sentido, tétrica…; pero casi siempre luminosa, cálida, de plena hermosura. 

El resplandor de la paz, mi paz. Se agrieta y oscurece mi interior con tu silencio, a cada segundo; en cambio, si te escucho, si das alguna muestra de vida, me adelanto a paso seguro, con júbilo. 

La motivación pedida que se me escapó con los años, de tanto vivir apresurado. El futuro será lo que tenga que ser, conmigo o sin mí; pero los paisajes que se muestran en el horizonte, el cielo, los ríos, el bosque…, guardan instantes irrepetibles, únicos, que no voy a perderme de sentirlos por nada, menos ahora, en este tiempo que me resulta agradable a cada parpadeo que doy. 

La esperanza de vida eterna que siempre me he jactado de ofrecerte, siendo tú quien me la concedes, sin oprobio y con armonía. Lo sabes desde siempre: “que cada segundo / sea eterno”.

La resignación de un ave cuyo vuelo se ha postergado por tiempo indeterminado. Has revoloteado sobre mi cabeza una y mil veces, con y sin esperanza, con cansancio, al borde de la agonía…, pese a mi mal aspecto, maltrato e impasibilidad. Te has postrado de tanto esfuerzo; pero aún no es tarde: el cielo, lo descubro y avizoro, está despejado ahora. ¡Ve! 

El artista que ha moldeado el barro del que soy hechura, le ha dado vida con su soplo y hasta lo ha mostrado al mundo, por gusto, para que su arte se haga ternura. 

Quien me abre las puertas de la lujuria y me convence de no asustarme. 

Cada uno de esos libros que me ausentan de este mundo hostil. No me es arriesgado sumergirme en la sinuosa realidad, si avanzo en adelantadas páginas de ensueño y fantasía; tampoco encuentro límites, ni caminos intransitables, ni fantasmas que me asusten, si al final de mis viajes, siempre tengo la esperanza de encontrarte. ¡Me basta saber que estás ahí! 

El precipicio a donde van mis pesares, la honda caída que destroza mis temores absurdos y los pilares en los que mi soberbia se hace pedazos. 

El sol, el aire, el agua, la tierra…, elementos que bien podrían caber únicamente en tus ojos. 

El agua que ha de limpiar mi suciedad, siempre que mis desvaríos hagan que mi cuerpo se ensucie donde no deba. 

El perdón inherente que fortalece mi cerviz, la necesidad que obra en pro de arruinar toda culpa y la súplica que no he de escuchar más; es decir, mi memoria te guarda, por ser el castigo que me consuela. 

Lo que siempre he querido ser, ayer, hoy y mañana, pura bondad, fortaleza inquebrantable, luz, arcoíris, el atardecer que encanta a los ojos, las flores y rosas multicolores que abrigan el canto de las aves, la esperanza de un poeta, la música, la lluvia…, y, en suma, por ser mi inspiración. 

Como sea que tengas que ser. 

(M.V.)

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martes, mayo 05, 2009

SONETO DEL DIVINO AMOR


Alfredo R. BUFANO
(Argentino, 1895-1950)

Amor es éste que por ti me abrasa;
amor es éste que hacia ti me impele;
amor es éste que de amor se duele
en amado dolor que nunca pasa.

Amor es éste que se da sin tasa,
como nunca en la vida darse suele;
amor que estoy temiendo que se vuele,
porque sin él la muerte fuera escasa.

Amor, y extraño amor, este amor mío,
silencioso y profundo como un río,
que corre interminable y caudaloso.

Amor que nada pide y nada espera,
amor que es como un lago sin ribera
bajo un cielo piadoso.
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lunes, mayo 04, 2009

CARTA A USTED


José Ángel BUESA
(Cubano)

Señora: Según dicen, ya usted tiene otro amante.
Lástima que la prisa nunca sea elegante...
Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa
se resigne a ser viuda sin haber sido esposa,
ni pretendo tampoco discutirle el derecho
de compartir sus penas, sus goces y su lecho;
pero el amor, señora, cuando llega el olvido,
también tiene el derecho de un final distinguido.

Perdón, si es que la hiere mi reproche; perdón,
aunque sé que la herida no es en el corazón...
Y, para perdonarme, piense si hay más despecho
en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho;
pues sepa que una dama, con la espalda desnuda,
sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda,
pero no, como tantas, de un difunto señor,
sino, para ella sola, viuda de un gran amor.

Y nuestro amor, ¿recuerda?, fue un amor diferente,
al menos al principio; ya no, naturalmente.
Usted era el crepúsculo a la orilla del mar,
que, según quien lo mire, será hermosa o vulgar.
Usted era la flor, que, según quien la corta,
es algo que no muere o es algo que no importa.
O acaso, cierta noche de amor y de locura,
yo vivía un ensueño..., y usted, una aventura.

Usted juró cien veces ser para siempre mía.
Yo besaba sus labios, pero no lo creía...
Usted sabe -y perdóneme- que en ese juramento
influye demasiado la dirección del viento.
Por eso no me extraña que ya tenga otro amante,
a quien quizá le jure lo mismo en este instante.
Y como usted, señora, ya aprendió a ser infiel,
a mí, así, de repente... me da pena por él.

Sí, es cierto. Alguna noche su puerta estuvo abierta,
y yo, en otra ventana, me olvidé de su puerta;
o una tarde de lluvia se iluminó mi vida
mirándome en los ojos de una desconocida;
y también es posible que mi amor indolente
desdeñara su vaso, bebiendo en la corriente.
Sin embargo, señora, yo, con sed o sin sed,
nunca pensaba en otra si la besaba a usted.

Perdóneme de nuevo si le digo estas cosas,
pero ni los rosales dan solamente rosas;
y no digo estas cosas por usted ni por mí,
sino por los amores que terminan así...
Pero vea, señora, que diferencia había
entre usted, que lloraba, y yo, que sonreía,
pues nuestro amor concluye con finales diversos:
Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos...
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miércoles, abril 29, 2009

MONÓLOGO DEL AMOR QUE NO QUIERE AMAR


Ignacio B. ANZOATEGUI (h)
(Argentino, 1935- ... )

Este querer amarte por quererte,
y este miedo de amarte sin amarte,
y este querer perderte por ganarte,
y este querer amarte sin perderte.

Y este ganarte sin saber perderte,
y este perderte sin saber ganarte,
me dan miedo de amarte por amarte
cuando quisiera no querer quererte.

Este miedo de amarte sin ganarte
y este querer ganarte sin perderte
me obligan a perderte sin amarte.

Porque el miedo de amarte y de perderte
y el miedo de quererte y de ganarte
es el miedo de amarte hasta la muerte.
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domingo, abril 26, 2009

No se como se llama esto



 Te quiero, pero no se como se llama lo nuestro, no tiene nombre, es algo especial que espero nunca llegue a acabar, solamente se que al hablarte por teléfono, es como si estuvieras, conmigo, en ese instante.

Aun recuerdo, nuestro primer encuentro. Aun recuerdo, esa platica tan interesante que tuvimos, aun recuerdo, que no aceptaba lo que sentía por ti, mi corazón gritaba que te amaba, pero yo me resistía a aceptar la realidad, pero solo bastó un solo beso, para que me diera cuenta que era mas fuerte mi sentimiento que la realidad que yo quisiera que fuera.

Te quiero mucho. No se como, te empecé a amar. Tal vez te empecé a amar desde antes que te conociera, pero no quisiera ponerle nombre a esto. Desde el primero momento supe que era algo especial, que era algo que nunca había yo sentido, pero no quiero ponerle nombre a algo tan lindo que existe entre tu y yo, no puedo decir que somos novios, no puedo decir que somos amantes, no puedo decir que somos amigos, por que las tres cosas juntas, es lo que somos, algo tan especial, que no se como llamarle...
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sábado, abril 25, 2009

Hablar de ti


Hablar de ti es hablar de mi presente, de mi futuro y porque no decirlo de mi pasado, porque en el está impregnada mi soledad, mi desesperación, mi deseo incansable de encontrarte, de navegar contra éste océano, contra ésta inmensidad de tanto dolor.

Hablar de ti es fusionar mi realidad con mis sueños, desprender mi mente del mundo real y conectarme a ti. Tengo tanto que decirte, hay tanto de que hablar, son tantos sueños en tan pocas palabras que hablar de ellos en este momento sin ti seria intolerable.

Prefiero esperar, prefiero hacerme a la idea que pronto vendrás, que estás buscándome como yo a ti, que estás dispuesta a compartir tu mundo, que estás ansiosa como yo de formar el nuestro, crearlo junto a mí.

No te conozco aún, no se que pensar de ti y sin embargo intento persuadirme entre sueños pero tu imagen sin rostro permanece junto a mi.

En mi cama duermes y me estremezco al tocar tu piel. Dormir en tus brazos y despertar sin ti se me hace costumbre; sentir tus caricias y envolverme en tus muslos se me está haciendo un hábito, una terrible necesidad.

A veces me parece encontrarte, pues suelo confundirte entre la espesa bruma, cuando te siento cerca llega siempre el desconsuelo, como si el terrible destino quisiera burlarse, me grita que no estás, que no te tengo aquí, caigo una tras otra buscándote en ésta batalla sin tregua y no te logro encontrar, no llegas a mí, pareciera que nunca vendrás.

Me siento terriblemente sólo pero no puedo perder las esperanzas, mañana empezaré mi búsqueda de nuevo intentando no equivocar de nuevo mi camino, mi instinto me ha de llevar con certeza a ti aunque me demore una eternidad, estoy dispuesto ha esperarte porque no tengo más que perder y sin embargo tanto que ganar…
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viernes, abril 24, 2009

Cada momento


 La esperanza que se irradia,
la belleza de la creación, del amor que solo se da entre los dos, de tu presencia en este mundo, es que siento lo que siento, por que eres un ángel divino que Dios perdió en su camino, que irradia el amor que existe, que trae la felicidad y la dicha de que estés tú conmigo.

Sabes el tiempo que estamos es precioso, cada momento que te llevo en mis pensamientos, es cada momento que vivo, cada que te siento toco el cielo, cada vez que te observo, veo las estrellas que forman el universo, cada vez que respiro es por que tu eres mi oxigeno.

Cada momento me acuerdo de ti, hay dentro de mi un amor que es puro e infinito, que valora lo que tu eres, que te apoya sin condiciones, que te extraña cuando no estas conmigo, que me inspira a decir lo que siento, que saca una sola y única conclusión que yo…

¡Te amo!
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A la mas linda... a ti niña



Hoy quiero pedirte que charlemos y no precisamente de nosotros, puede ser cualquier cosa, pero el chiste es que charlemos, yo necesito hablar con alguien y habria mejor persona que la que provoca esto... sabes he decidido aplacarme con este sentimiento a ti, un sentimiento unico, muy grande e inigualable; un sentimiento que no había sentido por alguna otra persona, un sentimiento nuevo para mi, un sentimiento que trae otros, como "envidia" por el chavo que tu
quieres, por esa persona que me quito los animos, esa persona que te quiere, pero que no te quiere tanto como yo; "dolor" por no tenerte, por estar sin poder hacer algo, por tenerte ahi todos los días, dolor por amarte asi; trizteza por saber que no me quieres, por tus desprecios, por mi soledad, por mi amor; odio a mi persona, por ser asi de tonto, por no poder olvidarte, por no dejar de amarte y no poder olvidarte; son tantas cosas y todas gracias a ti... sabes ahora espero que menciones algo y si no lo haces tu, yo lo hare ok.

Ya sabes que yo ahi estare esperando tu respuesta, viviendo por ti y a la vez muriendo por ti...
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miércoles, abril 22, 2009

Al acordarme de ti


ANTOLOGÍA DE CARTAS DE AMOR
(escritas por adolescentes)

Al acordarme de ti, me acuerdo asimismo de los miles de kilómetros que nos separan, y vuelve de nuevo el frío que instantes atrás se había desvanecido. Me falta el fuego que hacía calentar mi vida, me faltas tú. No sé por qué no has querido acompañarme en este viaje, y tampoco sé por qué no has confiado en mí y me has contado tus razones, pero supongo que tendrás algunos asuntos pendientes por hacer. De todas formas, quiero que sepas que yo respeto tu decisión y sólo espero que no te pase nada malo en mi ausencia, porque no sabría qué hacer si algo te sucediera, acuérdate: Si te caes, yo me caigo. Sin nada más que decirte, te envío un dulce y fuerte abrazo. Cuídate mucho y respóndeme cuanto antes.
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Responder tu carta


ANTOLOGÍA DE CARTAS DE AMOR
(escritas por adolescentes)

Mi amor: He intentado responder a tu carta lo antes posible, pero como ya sabes, no soy muy buena escogiendo palabras. Aquí, en Suiza, hace mucho frío y casi siempre está nevando, pero a mí me da igual, porque solo con recordar tus caricias, tus besos y tu voz, me siento como si estuviera en un desierto, a cuarenta grados. Es como si el frío se desvaneciese ante tu recuerdo. Pero
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Estoy al borde de la desesperación


ANTOLOGÍA DE CARTAS DE AMOR
(escritas por adolescentes)

Amada mía, Estoy al borde de la desesperación. Desde aquella última tarde en que te vi me falta la felicidad que tenía cuando estabas a mi lado. ¡Cada segundo que pasa sin ti se me clava en el pecho como si fuese una aguja infectada de miedo, amargura, deseos de verte, rabia, dolor insufrible, ganas de llorar y hasta me viene a mente la idea de suicidarme! Volver a verte sería el deseo que pediría a un genio. No aguanto más a mi mujer. Tú fuiste la primera mujer que me robó el corazón, y mi padre me la arrebató de las manos obligándome a casarme con esa arpía. Dentro de seis días me escaparé del castillo de mi padre para nunca volver. Podemos irnos al pueblo o si lo prefieres podemos irnos del pueblo, de la comarca, del país, del imperio de mi padre, del continente... si tú estás a mi lado viviría hasta debajo de la tierra. Ya lo tengo todo preparado, en cuanto suene la décima campana de las doce de la noche llamaré a tu puerta. Para ese momento debes tener todo preparado. Porque estoy enfermo. Tú eres mi enfermedad porque cuando no estás a mi lado siento todos los males que se puedan sentir. Pero, a la vez, tú eres mi cura, ya que cuando se cruza tu hermosa mirada con la mía se me van todos los males y mi felicidad se convierte en tal, que supera la de todos los seres del planeta. ¿Por qué eres tan bella? Para la dueña de mi alma:
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Desde que te vi la primera vez


ANTOLOGÍA DE CARTAS DE AMOR
(escritas por adolescentes)

AMADA MIA: Desde que te vi la primera vez supe que me gustabas mucho, por eso te envío esta carta para expresar lo que siento hacia ti. Soy tu gran admirador: aunque tú no sepas quién soy yo, yo te conozco muy bien. Tienes unos ojos que iluminan como dos estrellas, tu sonrisa es tan bonita que hace enloquecer y tienes unas mejillas rojizas como dos tomates. Cada vez que pasas al lado de mí, siento el impulso de decirte lo que siento, pero soy demasiado tímido como para decírtelo a la cara. Cuando estás cerca de mí, el corazón me va a tal velocidad que me tiembla el pulso, cuando te miro parece como que me hipnotizaras porque no puedo dejar de mirarte. También me encanta tu psíquico. Siempre que te veo tienes una sonrisa que ilumina tu cara, cada vez que te dan una mala noticia tú lo intentas asimilar lo más positivo posible. Bueno, te he expresado mis sentimientos de la forma más sincera posible, y aquí me despido de ti con todo mi amor, agur.
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martes, abril 21, 2009

Tu imagen


ANTOLOGÍA DE CARTAS DE AMOR
(escritas por adolescentes)

Aun veo ante mí la imagen de ese día gris, triste y lluvioso. Sin duda será un día marcado en mi corazón. Tú te fuiste sin dejar rastro y yo caí desplomada sobre el camino de la ladera donde tú desapareciste poco a poco. Desde entonces no me he separado de este lugar, pensando que hoy o mañana volverás junto a mí. A pesar de que mi corazón esté dañado, yo te sigo queriendo y no me cansaré de decirte ¡TE QUIERO! Mi corazón no resistirá mucho tiempo sin saber de ti y mucho menos sin saber si algún día, muy temprano, tú volverás. Te necesito. Nada tiene sentido si tú no estás aquí, porque tú eres la proteína que fortalecía mi vida. No te puedo olvidar por más que lo intento, ya que todo lo que hago me recuerda a ti. ¡TE QUIERO TANTO! Espero tener pronto noticias de ti y saber si tú también sientes esto por mí, este amor tan profundo que hay en mi interior. Porque ¡TE QUIERO, TE AMO, TE ADORO! Y nada podrá impedir mi amor por ti.
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Hola mi amor


ANTOLOGÍA DE CARTAS DE AMOR 
(escritas por adolescentes) 

Hola mi amor: Hace diez días que no nos vemos, nunca pensé que fuera tan duro vivir sin ti. Los días se me hacen interminables. Cuando voy a mi paseo diario y veo a otras parejas agarradas de la mano aun me siento peor, recordando cuando nosotros paseábamos juntos. Pero lo peor es cuando regreso a casa y al abrir la puerta no te encuentro. Esa soledad es superior a mí, porque era el único momento del día en el que estábamos juntos. La soledad y el silencio de esta nuestra casa, son como pesadas losas que me oprimen. Al anochecer, a la hora de la cena noto más ese vacío pues tengo que prepararme algo para comer cuando eras tú quien lo hacía. Pero al final lo supero y termino cenando algo. Luego cuando me siento a ver la televisión, también te añoro, porque en cualquier momento vuelves a mi memoria viendo cualquier película de amor. Al cabo del rato el agotamiento puede conmigo y me acuesto. Estar en la cama y no notarte es como caer al vacío sin paracaídas. Pero sé que este martirio pronto terminará, y sueño con ese momento. Y espero que como a mí la llama de tu corazón nunca se apague. Un beso
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La última vez que vi tu perfecto rostro


ANTOLOGÍA DE CARTAS DE AMOR
(escritas por adolescentes)

La última vez que vi tu perfecto rostro. De hecho, no paro de recordarlo. ¿Cómo es posible que una persona ame tanto a otra, y que no pueda dejar de pensar en ella ni un solo momento? Desde tu partida, yo no soy la misma. No paro de recordar los momentos que pasamos juntos y no dejo de preguntarme qué hubiera pasado si no te hubieras ido. Me falta el azúcar que endulzaba mi vida. Lo peor de todo esto es que sé que lo nuestro para ti no fue más que una equivocación, otra más. Pero para mí no. Ya sabes que no. A veces me lleno de frustración y pienso que me debería olvidar de ti. Pero luego, llena de lágrimas, afronto la realidad. No puedo. No puedo vivir sin ti, como si nunca hubiera pasado nada. Sigo soñando con una caricia, con un beso, con tan solo algo tuyo.
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Querido mio


ANTOLOGÍA DE CARTAS DE AMOR 
(escritas por adolescentes) 

Querido mío, te escribo porque no puedo más. Me hallo en un oscuro y frío edificio, en el que parece que no hay movimiento alguno. No oigo más que el ruido que hace el rozamiento de mi lápiz contra este papel. Llevo toda la tarde pensando en nuestra relación... Fuera hace una terrible tormenta que ojalá no acabe nunca, pues es el fenómeno que mejor describe el estado de mi desdichado corazón. Parece que fue ayer
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Querido amado mío


ANTOLOGÍA DE CARTAS DE AMOR
(escritas por adolescentes)

Querido amado mío: Me encuentro muy sola, en medio de un terrible infierno. Ayer por la mañana me marché a un país extranjero para poder superar esta tristeza que ha vencido mis ganas de vivir. Te escribo desde la orilla del mar sintiendo que mis recuerdos se desvanecen en el horizonte poco a poco, arrastrados por las fuertes olas hasta el fondo; donde ni siquiera los rayos del caluroso sol hacen más cálida la fría temperatura del agua. Ha pasado por mi cabeza la idea de ahogarme junto a ellos, pero, tal y como te prometí la madrugada en la que intercambiamos miradas por última vez, intentaré avivar las leves chispas que aún duran en mi corazón. Viviré para recordar mis mejores años de felicidad, junto a ti. Junto a la persona de la cual yo me enamoré. Siento que ya ha concluido mi tiempo de felicidad, ahora solo me queda torturarme día a día sabiendo que nunca volveré a ver esa sonrisa que tanto me alegraba. Con eso quiero decirte que mi vida sin ti no es lo mismo, porque me falta el azúcar que endulzaba mi vida. Espero que guardes está carta durante el resto de tu vida, porque para mí lo es todo. Un fuerte abrazo y sinceramente espero que no te equivoques con esta decisión de no formar parte de mi vida.
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Querida mía


ANTOLOGÍA DE CARTAS DE AMOR
(escritas por adolescentes)

Querida mía: Pensé que nunca llegarías y mi mundo era algo sin sentido, pero en el fondo de mi corazón esperaba que tú llegaras a llenar cada uno de mis espacios... Ha pasado un día, dos, tres y hoy, aún ahí estas. Me encantaría poder estar junto a ti, abrazarte y disfrutar contigo, poder sentir tu tacto y darte un beso. Llenas y fortaleces día a día mi corazón...Quiero que mis días sean eternos y que nunca olvides aquella noche. Hoy aún me parece increíble seguir sintiendo esas cosas que sentí cuando te conocí. Nunca podré olvidarte.
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sábado, abril 18, 2009

Carta XXX


XXX

Manuel, mal día. Olvidé dejarte dicho fueras a San Gabriel. Tuve que alojarme allá. Mal día, porque era mi cumpleaños y yo esperaba salir contigo al campo, toda la tarde. Llegué a las 12. No he salido hasta ahora (las seis) esperándote. Ya no vienes y estoy triste.

¿Por qué no me leíste los versos?

Dime la dirección de Prado. Tengo que escribirle.

Estaré aquí todas las mañanas.

Hasta pronto.

Tu L.
7 de Abril, 21
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Carta XVII


de "Cartas de amor"
(Gabriela Mistral)


Manuel, perdóname la que hoy te puse al correo. Tú sabes que no tengo fe en los seres, como tú no la tienes en Dios y que he tenido razón, mucha razón para creer lo que he creído, para escribir lo que he escrito y sangrar como he sangrado.

Voy a contarte para que, en parte, comprendas mi estado de ánimo, la impresión que el recibir tu paquete me dio.

Anoche te escribí la que recibirás con ésta. Me dormí muy tarde. Ha sido ésta una verdadera semana de Pasión (de Calvario) mía. Desperté esta mañana tan sin fuerzas físicas y morales, que me levanté a las 2 P.M. Tenía la certidumbre de que carta tuya ya no me llegaría y no mandé al Correo. A las 2, fue el mozo por iniciativa propia. Cuando me entregaron tu paquete entre otras cartas y diarios, mi emoción fue tan grande, Manuel, que no podía abrir la faja de la revista. Rasgada, me puse con una torpeza de manos paralíticas a hurgar entre las hojas. En las dobladas no estaba la carta. ¿Era que no venía? Cuando cayó en mis faldas la tomé y la empecé a leer en un estado indescriptible. Ríete de lo que voy a contarte: las manos se me sacudían como las de un epiléptico. No podía ni tener el papel ni leer, porque los ojos no veían... Créeme, Manuel, así fue.

Pensaba hallar ahí quién sabe qué sentencia, algo parecido a la que me mandaste una vez, ¿te acuerdas? y que también me dejó sin aliento.

Tuve que serenarme y guardar la carta unos momentos. Después respiré hondamente, como el que ha estado a punto de ahogarse, y me tiré sobre un sillón, como otra vez, exhausta por la emoción que casi me mata. ¡Qué dicha tan grande después de un martirio de tanto día!

Este no es amor sano, Manuel, es ya cosa de desequilibrio, de vértigo. ¡Y en mi cara beatífica, y en mi serenidad de abadesa! ¡Qué decires de amor los tuyos! Tienen que dejar así, agotada, agonizante. Tu dulzura es temible: dobla, arrolla, torna el alma como un harapo fláccido y hace de ella lo que la fuerza, la voluntad de dominar, no conseguirían. Manuel, ¡qué tirano tan dulce eres tú! Manuel ¡cómo te pertenezco de toda pertenencia, cómo me dominas de toda dominación! ¿Qué más quieres que te dé, Manuel, qué más? Si no he reservado nada, ¿qué me pides? ¿Quieres que llegue a estado más lamentable aún que el que te he pintado por la incertidumbre de lo que pasaba en tu predio de alma? Verdad es, Manuel, que tengo de la unión física de los seres imágenes brutales en la mente que me la hacen aborrecibles

Cuando hablemos tú justificarás esto que tú llamarás una aberración mía. Pero te creo capaz de borrarme del espíritu este concepto brutal, porque tú tienes, Manuel, un poder maravilloso para exaltar la belleza allí donde es pobre, y crearla donde no existe. A través de tu habla apasionada y magnífica, todas las zonas del amor me parecen fragantes e iluminadas. Tu esfuerzo es capaz, creo, de matarme las imágenes innobles que me hacen el amor sensual cosa canalla y salvaje. Tú puedes hacerlo todo en mí, tú que has traído a mis aguas plácidas y heladas un ardiente bullir, una inquietud enorme y casi angustiosa a fuerza de ser intensa. Gracias por tu promesa de eliminar toda violencia, todo apresuramiento odioso en el curso de este amor. Gracias! Bueno, dócil, generoso, te quiero mucho más aún. Buena seré para ti, generosa y dócil, tanto o más que tú. Te lo digo de nuevo: el saberme tuya me da una felicidad que no sé describirte: el oírme nombrar por ti como tu criatura, tu humilde y ruin pertenencia, me llena los ojos de llanto gozoso. ¡Tuya del más hondo y perfecto modo, Manuel, tuya como nunca lo fui de nadie; tuya, tuya! Lo repito para prolongar el gozo en mí. Perdóname este egoísmo.

Dices tú: "Esta plenitud de vigor (de amor) casi me es dolorosa. ¿Dejarás tú que mi linfa se la beba la tierra y no querrás beberla?" No, Manuel. Una loca sería. 1º si el amor se te hace doloroso yo no amaría bien si prolongara tu dolor sacrificándote a mi concepto absurdo de la unión de los seres. 2.º si tú me aseguras que esa unión agrega algo a la seguridad del amor, aprieta más la trabazón espiritual, si me convences, sobre todo, de que el hastío no sigue inmediatamente al abrazo estrecho, si me convences de que "tú no serás mío en absoluto sino cuando ese abrazo se haya consumado", entonces, Manuel, yo no podré negar la parte mía necesaria a ese que tú crees afianzamiento y, más que otra cosa, "no podré tolerar que haya una porción de emoción en ti que me haya quedado ajena por esta negación mía a darme del todo".

Porque yo quiero beber tu linfa toda, sin que en un hueco egoísta me reserves una parte de frescor y de exaltación. Te adoro, amado mío, y me vence este raciocinio: si la zona de amor que en mí no halla va a buscarla en otra parte ¿no habría torpeza y maldad en mí al negársela? Me vence ese raciocinio. Siénteme tuya, no dudes, no me arrebates nada, todo lo tuyo, me digo, es justo que me sepa a encantamiento y a dicha. Manuel, te amo inmensamente.

Ya te he dicho lo que me pasa. Dispongo de poco tiempo; no te doy más detalles. Piensa en mi amargura al sentirte en estos días amargos hostil para mí. Deseaba con locura tu palabra y tú callabas con una pertinacia inicua. He padecido mucho, pero ya el ánimo se levanta. Estos son los milagros del amor. Te ruego que no me retes por mi carta de hoy temprano. Si miras bien, soy yo quien tiene derecho hasta a pegar. Lluvia de golpes (de besos) te daría al tenerte a mano.

Deseo verte mucho más de lo que tú dices desear verme. Aún no es posible. Aprendamos a esperar. Yo no sé si en nuestro primer [encuentro] yo sea para ti como en mis cartas. ¡Te tengo un poco de vergüenza! Pero sé que deseo estar sola contigo para acariciarte mucho. Sé que querré tenerte entre mis brazos como un niño, que querré que me hables así, como un niño a la madre, desde la tibieza de mi regazo, y que cuando te bese perderé la noción del tiempo y el beso se hará eterno. Sé que me desvanecerá el goce intenso; sé que la embriaguez más intensa que me haya recorrido las venas la sacaré de tu boca amada. Sé que beberé un sorbo de dicha que me hará olvidar todos los acíbares que vengo bebiendo hace tantos años. Sé que seré capaz en mi exaltación de hacerme una prolongación de ti: de tu fervor, de tu alma suave, de tu carne misma. Manuel, yo espero la dicha de ti. Yo espero vivir contigo un momento supremo que pueda yo revivir en el recuerdo por cien años más de vida, sacando de esa visión divinización, dicha, para todo el resto de camino. Manuel, no puedo amarte más. ¿No lo comprendes así? ¿Pides más aún? En los labios mucho tiempo.
Tu L.
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