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sábado, noviembre 08, 2008

Poema 7


Ven conmigo,
saltemos a este precipicio,
abracemos juntos a la muerte...

Con calma,
mucha calma,
sin detener la caída,
sin súplicas, sin llanto,
abreviando el dolor en un parpadeo.

Ven conmigo,
regocíjate de esta marcha,
háblale al aire, extiende las manos,
rueda, grita, golpea al vacío,
y mientras tanto, yo cerca,
la sangre ha de embelesarnos;
mientras tanto,
te hablaré con gestos débiles,
errabundos, inspirados en el dolor.

Después, lo sabemos ya,
un año nuevo ante tus ojos,
libre de todo, exento de molestias.
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Poema 6

Desvanecerme en un segundo, con lentitud,
equivale a una caída atroz, cruel, infinita.

Y la caída es, en este caso,
horas de espera, silencio,
y DE-SES-PE-RAN-ZA...



Desvanecerme, digo,
sin entender lo precipitado que es no entenderte,
siendo como soy, ingenuo, torpe,
o lo que es peor o mejor:
¿Un tipo con mucha suerte?

En todo caso,
voy.
¡Adelante!
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Poema 5

No puedo:
la nostalgia, que está doblegada,
se disemina por mis entrañas
y aparece cuando
no creo tener fuerzas.
Y entonces me envías de ti tu gracia
que me consuela
y me hace sucumbir.



No puedo,
la herejía habla en mí
Si ves, no huyo.
¿Dónde estoy condenado?,
¿qué fue de mí?
¿Está esa grieta todavía
en las lejanías del horizonte
que pisaste con tu sombra?

No, aún no puedo.
¿Qué invento soy?
¿Qué caricia deslizada del pecado?
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Poema 4


I
Detenerme un poco antes de saltar,
avizorar el precipicio y, en un segundo,
resolver el dilema que me advierte no seguir.

Detenerme, contraer la intención,
resistir al mal paso y dar la vuelta...
Y al girar encima de la nada,
escapando, huyendo,
también que los gritos se apaguen.

O volver en mí y abrazar al abismo,
contemplar el vacío con dulzura,
regocijarme sintiendo el ruido,
sudar con cada latido por extinguirse y,
a través de mis pasos livianos,
apresurar la marcha, seguir,
¡hasta que mi sangre se congestione
y mis músculos estallen de presión!
Después la calma, el sopor,
la cándida puerta entreabierta,
el sol, la mañana...

II
Que cuando mis ojos se cierren,
las Parodias que congestionaban mis alas,
se apoderen de ellas y tiñan de sangre mi ropaje.

Que las ventanas sean, a media tarde,
refugios sombríos de mis letanías,
y que el escenario de aquellas muestras,
fatalizado, entreabierto al suplicio,
sea la "puesta en escena" del perdón.

Que el atrio de tu cerviz, derruido ya,
sea un santuario clandestino y florido,
de muestras abstractas y disparejas.

III
¿Detenerme ahora?
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Poema 3

Vacías pruebas,
confesiones, ensueños,
¡la madrugada, la oscuridad!

Ansiedad, o abismo,
¿qué es lo que me espanta?

En todo lugar hay caída:
dentro y fuera,
aquí a mi alrededor,
en mis párpados,
en mis oídos,
en mi boca,
¡en todas partes!



Y las voces,
las que acabo de imaginar,
me reclaman el sueño, que se aleja,
y se lleva esa paz que trato de rescatar.

¿Ansiedad o abismo?,
pienso, e imagino que,
intenciones hay que no me encuentran,
que se resisten a buscarme,
que ahora reposan en un cuerpo dormido.

Me espanta esta caída,
como que un espiral me seduce
y me hace girar...
Como que el cielo,
que no percibo porque no me interesa verlo,
me estuviese absorbiendo sin que lo advierta.

¿Dónde? ¡Dime dónde!

¿De entre los escombros,
y con mudas entonaciones?
¿De entre los sueños y con imágenes,
sin que pueda tocarte?

¿Dónde?

Acaso no en el escenario de unas palabras rápidas,
letales, acorde al paso de los días,
que son como alfileres que van matándome lento.
Acaso no una en una despedida fugaz,
tal si el desprecio fuera un consuelo o aliciente,
y mis pasos no existieran.



O ha de ser,
en la niebla de tus reproches
que a mi "entrega" enaltece.

¿Dónde? ¡Dime!
¿Es aquí, en donde nos tocó vivir?
¿Es en esta madrugada, a esta hora?

¿Las 2:29, es la hora correcta?
Lo es. Y debo decir, una vez más,
que eres indispensable.
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Poema 2

Ya no me sirve de nada
planear más excusas
para demostrarle a los demás que soy fuerte
¡No lo soy! Y a veces, como hoy, tengo ganas de llorar.

Ya no me sirve de nada gritar,
ni estar callado,
para parecerme al resto
y no perecer en el fracaso.

No me sirve de nada estar aquí,
o allá en el otro lado, despierto o soñando,
para saber que aún respiro.



No me sirve de nada ver la lluvia,
ni mojarme con este aguacero,
que al fin de cuentas no existe.

No me sirve de nada estar acompañado,
ni tampoco vivir siempre solo...
No me sirve de nada ayudar ni ser ayudado,
ni levantar la mano para agradecer,
ni escuchar un consejo,
ni prestar atención al resto...

Ciertamente, nada me sirve hoy,
y si tengo ganas de llorar,
es porque ando extraviado...
Sí, perdido estoy,
¡Y tengo miedo de esta inmensidad que me rodea!
¡Tengo miedo de no encontrar la salida!
¡Tengo miedo de no caer nunca!
¡Y, sobre todo, lo que más me asusta,
es imaginar que mañana, cuando mis ojos se abran,
otra vez el mundo que habitamos se muestre conforme!
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