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viernes, septiembre 10, 2010

PRETEXTO


Domingo ZERPA
(Argentino)


Bajamos los dos al río
no bien lloviera en el cerro:
ella con cierto motivo,
yo sólo con un pretexto.

La muy donosa traía
entre sus brazos morenos
una tinaja en continua
carambola con sus pechos.

Yo, que después de la lluvia
soy primavera por dentro,
flores de cumbres y abismos
traía en mi pensamiento.

Los dos bajamos cantando
no sé qué motivo viejo,
y los dos nos entregamos
a la voz del arroyuelo.

Ella quebró su tinaja,
yo desvelé mi pretexto...
y desde entonces miramos
un mismo cielo por dentro.
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LA CARICIA PERDIDA


Alfonsina STORNI
(Suizo-Argentina, 1892-1938)


Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va...

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?
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CUANDO ME VES ASÍ




José PEDRONI
(Argentino, 1899-1968)


Cuando me veas
así, con esos ojos
que te miran sin
verte, es que a través
de ti miro mi sueño
sin dejar de quererte.

Porque en tu suave
transparencia tengo
un milagroso tul,
con el cual, para
dicha de mis ojos,
todo lo veo azul.
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jueves, septiembre 09, 2010

¿MI AMOR?...


Antonio Machado
(Español)

¿Mi amor?... ¿Recuerdas, dime,
aquellos juncos tiernos,
lánguidos y amarillos
que hay en el cauce seco?...

¿Recuerdas la amapola
que calcinó el verano,
la amapola marchita,
negro crespón del campo?...

¿Te acuerdas del sol yerto
y humilde, en la mañana,
que brilla y tiembla roto
sobre una fuente helada?...
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jueves, enero 21, 2010

ROMANCE DEL ACABÓSE




José Antonio OCHAITA
(Español)

Aquello puede acabarse
del modo que te convenga.

Yo te prometo colgarme
en el pescuezo una piedra
y echarme de noche al río
sin que tú misma lo sepas.

Yo estoy dispuesto a cargar
con la pólvora más negra
un cachorrillo de hierro
y que las sienes me muerda.

Yo buscaré un escorpión
de uña retorcida y negra
y dejaré que en mi pecho
toda su ponzoña vierta.

Esto se puede acabar
del modo que te convenga,
esta tarde o esta noche
o después, cuando amanezca.

Sólo con que tú me digas:
"Se acabó la historia aquélla."
Pero lo que no podrás
es que acabemos a medias.

Que en amistad trastoquemos
lo que fue pasión deshecha;
que tú vayas por la calle,
y yo por la calle venga,
y nos digamos "¡Adiós!"
como amigos que se encuentran.

Que tú digas: "¡Aquel tiempo!",
que yo diga: "¡Aquella fecha!",
y que los besos sorbidos
boca a boca, vena a vena,
no se nos pongan de pie
como claras bayonetas
y nos claven por cobardes
sobre la cruz de las piedras.

Amantes fuimos los dos,
que amarse no da vergüenza;
comimos el mismo pan,
pisamos la misma hierba,
y las paredes calladas
huelen, al que oler sepa,
a vida que hicimos juntos
llevando la misma senda.

Amantes fuimos los dos:
el fuego, tú; yo, la yesca;
tú, la soga; yo, el caldero;
tú, el aire; yo, la veleta;
Años enteros unidos
en una misma cadena
de sobresaltos y besos,
de conciencia y de inconciencia,
de quietud y de inquietud.
¡Ay, Dios, que si lo barruntan!
¡Ay, Dios, que si lo comentan!
¡Ay, que si me ven contigo!
¡Ay, que contigo me vean!

Besos entre sobresaltos;
entre amarguras, promesas.
Saber engañar a todos
y tener la verdad nuestra:
de estar por dentro casados
en una alianza secreta.
Casado estuve contigo,
arras fueron las estrellas,
y en el libro de la vida
quedó por siempre una fecha:
que era junio y era un día
que olía a cosas eternas.
Amantes fuimos los dos,
que amantes no da vergüenza.
Amantes fuimos de llanto,
amantes de complacencia,
amantes porque te di
todo lo que tú me dieras.
La vida tuya fue mía;
la mía, tú te la llevas.

Hasta ayer. Ayer me dices
claramente, por las buenas,
que nos conviene acabar
con aquella historia. ¡Aquélla!
Eso no nace de nuevo,
no la improvisas a ciegas,
eso, razón razonada,
"agua que viene de alberca
no se detiene ante nada".
¿Que vamos a acabar? Bueno;
como mejor te convenga.
Y estoy dispuesto a colgarme
en el pescuezo una piedra
y echarme de noche al río
sin que tú misma lo sepas.

¿Tú qué harás? ¿Entrarte a monja?
¿Beber solimán a ciegas?
¿Ponerte un ascua en las sienes
porque derritan su cera?
Sólo así podrá acabar
pasión que fue tan entera.
¿Pues otra cosa creías?
¿Pues otra cosa alimentas?
¿Qué amor se puede cambiar
en amistad sin ojeras?
¿Qué amantes y amigos son
como dos varas gemelas,
y que se corta la una
cuando la otra se seca?

¿Qué quien te tuvo en sus brazos
y saboreó tu lengua,
y hundió contigo la almohada,
junto a tu misma cabeza,
puede ser el amigo ese
que, cuando se le tropieza,
se le dice: "¡Adiós, amigo!",
y se sigue la vereda?

Pero ¿quién te ha trastornado,
quién te ha dado esa ceguera?
El amor, cuando es amor,
sólo tiene dos certezas:
el odio, verdad de sangre;
la muerte, certeza negra.
¿Qué vamos a acabar? Bueno;
como mejor te convenga.
Pero ¿amigos? ¡Nunca! ¡Nunca!
Te estoy deseando muerta,
me estoy deseando muerto,
pero sin amor a medias.

Si tú quieres, llámame;
yo te llamaré si esperas.
¡Hazme el nudo corredizo;
eche yo el nudo a tu cuerpo,
acabemos esta vida
que por tanto amor te pesa!
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lunes, enero 11, 2010

GRATIA PLENA



Amado NERVO
(Mexicano, 1870-1919)


Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar...
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

Ingenua como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como Margarita sin par,
al influjo de su alma celeste amanecía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

Cierta dulce y amable dignidad la investía
de no sé qué prestigio lejano y singular,
más que muchas princesas, princesa parecía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar
y cadencias arcanas halló mi poesía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

¡Cuánto, cuánto la quise!... Por diez años fue mía,
pero flores tan bellas nunca pueden durar...
Era llena de gracia, como el Avemaría,
y a la fuente de gracia, de donde procedía,
se volvió... como gota que se vuelve a la mar...
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EN PAZ




Amado NERVO
(Mexicano, 1870-1919)

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.

porque veo, al final de mi rudo camino,
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las- mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas;
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tú solo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
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EL DÍA QUE ME QUIERAS



Amado NERVO
(Mexicano, 1870-1919)

Y el día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio.
Con notas de Beethoven gimiendo en cada rayo
sus inefables cosas...,
y habrá juntas más rosas
¡que en todo el mes de mayo!...

Mil fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cantarinas
¡el día que me quieras!

El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán de cantos nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

¡Cogidas de las manos, cual rubias hermanitas
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras!...
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!...

Al reventar el alba del día que me quieras...
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en cada estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos;

¡El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa, cada arrebol miraje
de las Mil y una noches, cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar!...
¡El día que me quieras, para nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios!...
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sábado, enero 09, 2010

PLEGARIA




Gabriela MISTRAL
(Chilena, 1889-1957)

Señor, Tú sabes cómo con encendido brío
por los seres extraños mi plegaria te invoca.
Ahora vengo a pedirte por uno que era mío
mi vaso de frescura, el panal de mi boca.

Cal de mis huesos, dulce razón de la jornada,
gorjeo de mi oído, ceñidor en mi veste.
Me cuido hasta de aquellos en que no puse nada
¡no pongas gesto torvo si te pido por éste!

Te digo que era bueno, te digo que tenía
el corazón entero a flor de pecho, que era
suave de índole, franco como la luz del día,
-henchido de milagro como la Primavera.

Tú me replicas duro, que es de plegaria indigno
el que no untó de preces sus dos labios febriles
y se fue aquella tarde sin esperar tu signo
trizándose las sienes como vasos sutiles.

Pero yo, mi Señor, te arguyo que he tocado,
de la misma manera que el nardo de su frente
todo su corazón dulce y atribulado
¡y tenía la seda del capullo naciente!

¿Qué fue cruel? Olvidas, Señor, que lo quería
y que él sabía suya la entraña que llagaba.
¿Qué enturbió para siempre mis linfas de alegría?
¡No importa! Tú comprendes: yo le amaba, le amaba.

Y amor -bien sabes de eso- es amargo ejercicio:
un mantener los párpados de lágrimas mojados,
un refrescar de besos las trenzas del cilicio,
conservando bajo ellas los ojos extasiados..

El hierro que taladra tiene un gustoso frío
cuando abre, cual gavillas, las carnes amorosas
y la cruz -Tú te acuerdas, oh Rey de los Judíos-
se lleva con blandura como un gajo de rosas.

Aquí me estoy, Señor, con la cara caída
sobre el polvo, parlándote un crepúsculo entero
o todos los crepúsculos a que alcance la vida,
si tardas en decirme la palabra que espero.

Fatigaré tu oído de preces y sollozos,
lamiendo, lebrel tímido, los bordes de tu mano,
y ni pueden herirme tus ojos amorosos
ni esquivar tu pie el riego caliente de mi llanto.

Di el perdón, dilo al fin. Va a esparcir en el viento
tu palabra, el perfume de cien pomos de olores
al vaciarse, toda agua será deslumbramiento:
el yermo echará flor y el guijarro esplendores.

Se mojaron los ojos oscuros de las fieras
y comprendiendo el monte que de piedra forjaste,
-llorará por los párpados blancos de sus neveras...
-¡Toda la tierra tuya sabrá que perdonaste!
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VERSOS SENCILLOS




José Julián MARTÍ
(Cubano, 1853-1895)

Por tus ojos encendidos
y lo mal puesto de un broche,
pensé que estuviste anoche
jugando a juegos prohibidos.

Te odié por vil y alevosa:
te odié con odio de muerte:
náusea me daba verte
tan villana y tan hermosa.

por la esquela que vi
sin saber cómo ni cuándo,
sé que estuviste llorando
toda la noche por mí.
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LA NIÑA DE GUATEMALA




José Julián MARTÍ
(Cubano, 1853-1895)

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirio los ramos,
y las orlas de reseda
y de jazmín: la enterramos
en una caja de seda.

...Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores.

.. .Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer;
ella se murió de amor.

Como de bronce candente
al beso de despedida
era su frente -la frente
que más he amado en mi vida.

...Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío:
yo sé que murió de amor.

Allí en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos;
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto
a ver a la que murió de amor.
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viernes, enero 08, 2010

ROMANCE DE AQUEL HIJO...




Rafael de LEÓN
(Español, 1910-1982)

Hubiera podido ser
hermoso como un jacinto,
con tus ojos y tu boca
y tu piel color de trigo;
pero con un corazón grande
y loco como el mío.

Hubiera podido ir,
las tardes de los domingos,
de mi mano y de la tuya,
con su traje de marino,
luciendo una ancla en el brazo
y en la gorra un nombre antiguo.

Hubiera salido a ti
en lo dulce y en lo vivo
en lo abierto de la risa
y en lo claro del instinto;
y a mí, tal vez, que saliese
en lo triste y en lo lírico
y en esta torpe manera
de verlo todo distinto.

¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!...
Tres caballos, dos espadas,
un carro verde de pino,
un tren con siete estaciones,
un barco, un pájaro, un nido...
y cien soldados de plomo,
de plata y oro vestidos.

¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!...

¿Te acuerdas, aquella tarde,
bajo el verde de los pinos,
que me dijiste: -¡Qué gloria
cuando tengamos un hijo!...-
Y temblaba tu cintura
como un palomo cautivo,
y nueve lunas de sombra
brillaban de tu delirio.

Yo te escuchaba lejano,
entre mis versos, perdido;
pero sentí por mi espalda
subir un escalofrío,
y repetí como un eco:
-¡Cuando tengamos un hijo!...-

Tú, entre sueños, ya cantabas
nanas de sierra y tomillo,
e ibas lavando pañales
por las orillas de un río.
Yo, arquitecto de ilusiones,
sostenía el equilibrio
de una torre de esperanza
con un balcón de suspiros.

¡Ay, qué gloria, amor, qué gloria
cuando tengamos un hijo!...-

En tu cómoda de cedro
nuestro ajuar se quedó frío,
entre alhucema y manzana,
entre romero y membrillo.
¡Qué pálidos los encajes!
¡Qué sin gracia los vestidos!
¡Qué sin olor los pañuelos
y qué sin sangre el cariño!

Tu velo blanco de novia
-por su olvido y por mi olvido-
fue un camino de Santiago
doloroso y amarillo.
Tú te has casado con otro;
yo con otra he hecho lo mismo...

Juramentos y palabras
están secos y marchitos
en un antiguo almanaque
sin sábados ni domingos.

Ahora, bajas al paseo
rodeada de tus hijos,
dando el brazo a... la levita
que se pone tu marido.
Te llaman... ¡doña Manuela!;
usas guantes y abanico,
y tres papadas te cortan
en la garganta el suspiro.

Nos saludamos de lejos
como dos desconocidos;
tu marido baja y sube
la chistera; yo me inclino,
y tú sonríes sin gana
de un modo triste y ridículo.

Pero yo no me hago cargo
de que hemos envejecido,
porque te sigo queriendo
igual o más que al principio,
y te veo como entonces,
con tu cintura de lirio,
con un jazmín en los dientes
y a color como el trigo,
y aquella voz que decía:
-¡Cuando tengamos un hijo!...-

Y en esas tardes de lluvia,
cuando mueves los bolillos
y yo paso por la calle
con mi pena y con mi libro,
dices, con miedo, entre sombras,
amparada en el visillo:
-¡Ay, si yo con ese hombre
hubiese tenido un hijo!...
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TOÍTO TE LO CONSIENTO





Rafael de LEÓN
(Español, 1910-1982)

¿Te acuerdas de aquella copla
que escuchamos aquel día
sin saber quién la cantaba
ni de qué rincón salía?...
¡Qué encanto! ¿verdad?
¡Qué duende, qué sentimiento,
pero qué estilo, qué voz!
Creo que se nos saltaron
las lágrimas a los dos.

"Toíto te lo consiento,
menos faltarle a mi mare,
que una mare no se encuentra,
y a ti te encontré en la calle".

No vayas a figurarte
que esto va con intención;
tú sabes que por ti tengo
grabao en el corazón
el querer más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios, uno y trino,
le entregó por compañera.
Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares:
"Toíto te lo consiento,
menos faltarle a mi mare".

Y me enterao casualmente
de que le faltaste ayer.
Y nadie me lo ha contao,
nadie; pero yo lo sé.
Que tengo entre dos amores
mi cariño repartío;
si encuentro el uno llorando
es que el otro lo ha ofendío,
y mira, nunca me quejo
de tus caprichos constantes:
¿Quieres un vestío?... Catorce.
¿Quieres un reloj?... Con brillantes.
Ni me importa que la gente
vaya de mí murmurando
que si soy pa ti un muñeco,
que si me has quitao el mando...

Que en la diestra y la siniestra
tienes un par de agujeros,
por donde se va a los mares
el río de mis dineros.
Que yo con tal de que nunca...
de mi lao te separes...
"Toíto te lo consiento,
menos faltarle a mi mare".

Porque ese mimbre de luto
que no levanta la voz,
que en seis años no ha tenío
contigo ni un si ni un no,
que anda como una pavesa,
que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira.
Que me crió con su sangre
y me guiaba la mano
para que me persignara
como tó fiel cristiano;
y en las candelas del hijo
consumió su juventud
cuando era.. , cuarenta veces
mucho más guapa que tú,
tienes que hacerte la cuenta
que la has visto en los altares
e hincártele de rodillas
antes que hablarle a mi mare...
Porque el amor que te tengo
se lo debes a su amor.
Que yo me casé contigo
porque ella me lo mandó.

Conque a ver si tu conciencia
se aprende esta copla mía,
muy semejante aquel cante
que escucháramos un día,
sin saber quién lo cantaba
ni de qué rincón salía:

"A la mare de mi alma
la quiero desde la cuna.
Por Dios, no me la avasalles,
que mare no hay más que una
y a ti te encontré en la calle".
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PENA Y ALEGRÍA DEL AMOR




Rafael de LEÓN
(Español, 1910-1982)

Mira cómo se me pone
la piel cuando te recuerdo...

Por la garganta me sube
un río de sangre fresco
de la herida que atraviesa
de parte a parte mi cuerpo.
Tengo clavos en las manos
y cuchillos en los dedos
y en mi sien una corona
hecha de alfileres negros.

Mira cómo se me pone
la piel cada vez que me acuerdo
que soy un hombre casao
y sin embargo te quiero.

Entre tu casa y mi casa
hay un muro de silencio,
de ortigas y de chumberas,
de cal, de arena, de viento,
de madreselvas oscuras
y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca
lo pueda saltar el pueblo,
que está robando la llave
que guarda nuestro secreto.
¡Y yo sé bien que me quieres!
¡Y tú sabes que te quiero!
Y lo sabemos los dos
y nadie puede saberlo.

¡Ay pena, penita, pena
de nuestro amor en silencio!

¡Ay, qué alegría, alegría
quererte como te quiero!

Cuando por la noche a solas
me quedo con tu recuerdo,
derribaría la pared
que separa nuestro sueño,
rompería con mis manos
de tu cancela los hierros,
con tal de verme a tu vera,
tormento de mis tormentos,
y te estaría besando
hasta quitarte el aliento.
Y luego, qué se me daba
quedarme en tus brazos muerto.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Nuestro amor es agonía,
luto, angustia, llanto, miedo,
muerte, pena, sangre, vida,
luna, rosa, sol y viento.
Es morirse a cada paso
y seguir viviendo luego
con una espada de punta
siempre pendiente del techo.

Salgo de mi casa al campo
sólo con tu pensamiento,
por acariciar a solas
la tela de aquel pañuelo
que se te cayó un domingo
cuando venías del pueblo
y que no he dicho nunca,
mi vida, que yo lo tengo.
Y lo estrujo entre mis manos
lo mismo que un limón nuevo,
y miro tus iniciales
y las repito en silencio
para que ni el campo sepa
lo que yo te estoy queriendo.

Ayer, en la Plaza Nueva,
-vida, no vuelvas a hacerlo-
te vi besar a mi niño,
a mi niño el más pequeño,
y cómo lo besarías
¡ay Virgen de los Remedios!
que fue la primera vez
que a mí me diste un beso.

Llegué corriendo a mi casa,
alcé a mi niño del suelo
y sin que nadie me viera,
como un ladrón en acecho,
en su cara de amapola
mordió mi boca tu beso.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Mira, pase lo que pase,
aunque se hunda el firmamento,
aunque tu nombre y el mío
los pisoteen por el suelo,
aunque la tierra se abra
y aun cuando lo sepa el pueblo
y ponga nuestra bandera
de amor, a los cuatro vientos,
sígueme queriendo así,
tormento de mis tormentos.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero.
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SEXTA POESÍA VERTICAL




Roberto JUARROZ
(Argentino, 1925-1995)


Miro un árbol
Tú miras lejos cualquier cosa.
Pero yo sé que si no mirara este árbol
tú lo mirarás por mí
y tú sabes que si no miraras lo que miras
yo lo miraría por ti.

Ya no nos basta
mirar cada uno con el otro.
Hemos logrado
que si uno de los dos falta,
el otro mire
lo que uno tendría que mirar.

Sólo necesitamos ahora
fundar una mirada que mire por los dos
lo que ambos deberíamos mirar
cuando no estemos ya en ninguna parte.
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EL AMOR EMPIEZA






Roberto JUARROZ
(Argentino, 1925-1995)

El amor empieza cuando se rompen los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.
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jueves, enero 07, 2010

CUANDO NO ESTÉS




Córdova ITURBURU
(Argentino, 1902-1977)

Cuando no estés, si es que no estás un día,
Mi voz, sin voz, te llamará sin pausa.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
Oirás mi voz en un rumor que pasa.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
Clamaré por tu gracia en toda gracia.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
Moverá mi perfil la luna fría
en las cortinas que hay en tu ventana.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
sólo oiré en las palabras tu palabra.
Cuando no esté, si es que un no estoy un día,
verás mi sombra entre la sombra fría
junto a la cabecera de tu cama.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
en cada verso mío habrá una lágrima.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
me sentirás bajo la tarde fría
llegar a ti en el son de las campanas.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te buscaré en la tierra, el aire, el agua.
Cuando no esté, si es que no estoy un día
oirás mi paso entre la sombra fría
siguiéndote los pasos por la casa.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te inventaré en el humo y en la llama.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
sorprenderá la madrugada fría
mi mano en tu cabeza despeinada.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te invocará en el sueño mi esperanza.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
en tu sueño entraré en la noche fría
cuando el sueño te cubra con sus aguas.
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VIDA-GARFIO




Juana de IBARBOUROU
(Uruguaya, 1895-1979)

Amante: no me lleves, si muero, al camposanto.
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
alboroto divino de alguna pajarera
o junto a la encantada charla de alguna fuente.

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra
donde el sol me calienta los huesos, y mis ojos
alargados en tallos, suban a ver de nuevo
la lámpara salvaje de los ocasos rojos.

A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea
más breve. Yo presiento
la lucha de mi carne por volver hacia arriba,
por sentir en sus átomos la frescura del viento.

Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos
podrán estarse quietas.
Que siempre como topos arañarán la tierra
en medio de las sombras estrujadas y prietas.

Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen
en la greda amarilla de mis huesos menguados.
¡Por la parda escalera de las raíces vivas
yo subiré a mirarte en los lirios morados!
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LA HORA



Juana de IBARBOUROU
(Uruguaya, 1895-1979)

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora, que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora, que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.

Ahora, que en mis labios repica la risa
como la campana sacudida a prisa.

Después... ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. Oh, amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?
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EL FUERTE LAZO



Juana de IBARBOUROU
(Uruguaya, 1895-1979)

Crecí
para ti.
Tálame. Mi acacia
implora a tus manos el golpe de gracia.

Florí
para ti.
Córtame. Mi lirio
al nacer dudaba ser flor o ser cirio.

Fluí
para ti.
Bébeme. El cristal
envidia lo claro de mi manantial.

Alas di
por ti.
Cázame. Falena,
rodeo tu llama de impaciencia llena.

Por ti sufriré.
¡Bendito sea el daño que tu amor me dé!
¡Bendita sea el hacha, bendita la red,
y loadas sean tijeras y sed!

Sangre del costado
manaré, mi amado.
¿Qué broche más bello, qué joya más grata,
que por ti una llaga color escarlata?

En vez de abalorios para mis cabellos,
siete espinas largas hundiré entre ellos.
Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas,
como dos rubíes, dos ascuas bermejas.

Me verás reír viéndome sufrir.
Y tú llorarás,
y entonces... ¡más mío que nunca serás!
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