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miércoles, abril 15, 2009

Soneto 116


William Shakespeare


No admito ningún impedimento
a la unión de dos sinceros amantes
pero no es amor si el sentimiento cambia
o es dócil, vano, pronto al olvido.

Oh no, siempre permanece constante
no tiembla nunca, el amor vence tormentas
es la estrella que guía barcos errantes
su esencia ignoras, si lo mides en altura.

El amor no es un títere del tiempo,
él destruye labios y mejillas,
el amor no sufre nunca contratiempos,
es eterno, se sale de los límites mundanos.

Si estoy equivocado y así me lo mostraran,
yo no hube nunca escrito, ni nunca nadie hubo amado.
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Soneto 71


William Shakespeare


No te lamentes por mí cuando esté muerto
y escuches anunciar a la funeral campana,
que abandono el mundo vil por la ribera
que los gusanos volverán la más villana.

Y si lees estas líneas, no recuerdes
la mano que las escribió. Te quiero, y tanto,
que prefiero olvides tus dulces pensamientos,
a pesar que soy causa de tu llanto.

Cuando me leas y en mí pienses,
y esté ya en polvo convertido,
mi pobre nombre ni siquiera cites,
pues tu amor con mi vida ha terminado.

Así evitarás que el mundo sin sentido
se burle de tu rostro acongojado.
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Soneto 18


(William Shakespeare)


¿Si te comparo con un día de verano?
No, tú eres más hermosa y más agraciada
Rudos vientos azotan las flores de mayo
y la pompa de verano dura apenas nada.

¡A veces el ojo del cielo es tan brillante!,
pero hasta ese oro es menos delicado,
y toda belleza pierde su hermosura
si algún día sigue el curso del hado.

Pero tu eterno verano nunca morirá
ni perderás la belleza que posees
ni logrará la muerte atraparte en su figura,
si vives en la estrofa eterna del poema.

Mientras el hombre viva o el ojo te contemple,
tanto tiempo vivirás, de quien te dio la vida.
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Soneto 23


(William Shakespeare)

Como un torpe actor en medio de la escena,
que, por miedo, olvida el parlamento,
o un iracundo en quien la cólera despierta,
cuyo exceso de enojo le debilita el corazón,

así yo, por miedo de confiar, olvido de anunciar
la exacta ceremonia del ritual de Amor,
y desfallezco en la fuerza de mi corazón
bajo el excesivo peso de mi propio embeleso.

¡Oh! Deja que mis libros sean la elocuencia
y los mudos heraldos de mi parlante pecho
que imploren ellos amor, y esperen recompensa
mejor aun que la lengua que fue más elocuente.

¡Oh! Aprende a leer lo que ha escrito el silencioso Amor:
escuchar con los ojos pertenece a su suave agudeza.
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