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miércoles, abril 15, 2009

Los gatos


(Charles Baudelaire)


Los amantes fogosos, los sabios respetables,
sienten, cuando maduros, igual debilidad hacia los gatos,
orgullo de la casa, que son como ellos
sedentarios y al frío vulnerables.

Amigos de la ciencia y de la sensualidad,
prefieren el silencio y las tinieblas crueles,
del Erebo serían fúnebres corceles
si su altivez cediese ante la majestad.

Cuando sueñan, adoptan las soberbias posturas
de las grandes esfinges que en lejanas latitudes
solitarias se pierden en un sueño de piedra.

Mágicas chispas arden en sus garras tranquilas
y granos de oro como arena invisible
alumbran vagamente sus ojos insondables.
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La gigante


(Charles Baudelaire)


Cuando antes la Creación, de ingenio exagerado
cada día inventaba una criatura monstruosa,
yo hubiese estado con una joven gigante
como al pie de una reina está un gato voluptuoso.

Me hubiera gustado ver su cuerpo y su alma
creciendo libremente en sus temibles juegos
y adivinar si oculto por sus ojos calmos
su corazón ardía fuegos tenebrosos.

Recorrer a mi gusto sus grandes maravillas,
reptar por la vertiente de sus grandes rodillas
y a veces en verano, cuando los soles calurosos

la hacen caer rendida sobre una tierra extraña,
dormir, tranquilo, a la sombra de sus senos
como un pueblo tranquilo al pie de una montaña.
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