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sábado, enero 24, 2009

Carta 12

Ya no me siento solo


En parte, ya no me siento tan solo, ni triste, ni tengo ese dolor de cabeza abrumador que suele perseguirme con insistencia, ni me duele el estómago. Tampoco hace frío ya: esta tarde más bien está calurosa.


Afuera, creo yo, el mundo sigue conspirando contra mí. El plan que tiene, yo lo intuyo, es macabro: cuando logre verme desprotegido y sin defensas, me aplastará como a un gusano. Toneladas de tierra, lodo, arena y más, veo venirse por mis espaldas, sepultándolo todo (también a mis rastros).

Implica mucho estar vivo para saber lo que a uno le espera. Hay malicia, incertidumbre, arrepentimiento, miedo, hasta cierta consigna y grado de intelectualidad en cada pronóstico por vivir; pero la razón de sabernos vivos no radica en saber lo que debe sucedernos, todo lo contrario, el "no saber" comprende un universo de perspectivas y cosas nuevas.

Es como se quiere estar. Entonces la muerte se consuma patética y hostil, venerable, muy ensimismada en su soberbia. De ella (de su oscura boca), miles de versos fluyen ostentosos, versátiles, mostrando en cada figura un escenario fútil, nada novedoso pero incomprensible para cualquiera.
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jueves, diciembre 11, 2008

Carta 11

Ya sé, no es el "Mejor momento"

Quiero entender cuando es que debo ser oportuno, para no representar a un personaje adefesio, o ridículo. Y quiero, blandirme como un espejismo por los contornos de las verdades evidentes, tratando de asimilar lo que me concierna, sin resentimientos.

Que no me toque estropear "asuntos trascendentales", ni que mis palabras se viertan en afán de incomodo; que mi percepción me lleve a no expresar mis ánimos en cualquier circunstancia, ni que de alguna forma la sarta de emociones que ahora me condena, fluya sin premeditación.

Ya sé, solo debo calcular, predecir, evidenciar... Y si aún así no doy con el "Mejor momento", entonces, que me quede la tolerancia, la comprensión, el entendimiento de que "no siempre un momento cualquiera es la mejor ocasión".

Por ahora no abriré más este sepulcro que encierra mi tacto, antes prefiero que la congoja me allane a solas, como debió de ser siempre... No, tristeza no, satisfacción no, talvez solo vergüenza. Pero "Fortuna" ya ha dispuesto el pasado y lo que vendrá, así que hoy trataré de no asustarme. Bueno, toda la vida he tratado.

Hay un rincón que me acoge sin apuros. En él hay vientos cálidos, noches de lunas que tienen formas de "O", remembranzas de confidencias, alardes de pensamientos Bolcheviques y más, mucho más, sobre todo tranquilidad. Debería ir allí esta noche y refugiarme de este miedo repentino que está a punto de asfixiar en mí todo deseo; debería no amilanarme por unas “pocas palabras” e irme, sí, a encontrar y planear mis respuestas futuras. Pero no, quiero ir en contra esta vez.

Hoy anhelo no encontrar un equilibrio ecuánime. Ascender y que nunca acabe, volar, volar..., elevarme entre melodías y acordes, con sueños eternos, paz, ganas de no mirar la claridad y de cerrar los ojos al mundo; volar sin más depresiones, sin lágrimas, sin recuerdos malos…

Cuando mis alas se inmovilicen, seguro que ya habrá un “Mejor momento”.
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sábado, noviembre 08, 2008

Carta 10

Martes, 23 de septiembre

Lamento tremendamente invadir tu espacio y más, entrometerme en tus segundos, que están destinados a todo el mundo, sin excluirme, por supuesto. (Aclaro que no estoy siendo irónico).

Y que cada palabra tuya, que a veces creo y que me hacen bien por lapsos, sean lo que son: palabras. Quiero decir, frases llenas de sinceridad, de amor, de ternura... ¿Lo entiendes? Para que no haya remordimientos, porque no deseo que los tengas, diré que estoy siendo injusto y que digo cosas de más. Diré que no mereces que te trate así, porque no has hecho nada, en absoluto. No, claro que no, si algún culpable existe, ese soy yo. La culpa, desde luego, tiene que ver con mi irracionalidad, con lo poco comprensivo que suelo ser a veces.

Pero seguramente algo tengo que alegar. Quizás me haría no sé si bien, detenerme a pensar en cada detalle (injustificados, obviamente) que me atrevo a observar en ti cada cierto tiempo, con demasiada premonición y mucha intrepidez, considerándote parte mía con insolencia (sí, con mucha) y para desgracia, por ser tanta mi ingenuidad, arguyendo en tus respuestas tan nutridas de carisma, una mueca de conformismo. Quizás me haría bien, digo, porque ahora quiero sentirme despreciable, injusto, muy merecedor de todo aquello que me atormente en lo que reste de la noche. Sin embargo, a pesar de todo, como todavía no he desfallecido y los malos recuerdos aún no me vuelven psicótico, podría, creo yo, extenderme en tus arrebatos de seguridad efímera y refugiarme en alguna excusa, para seguir de pie. Debería dejar de lado todas mis dudas y creer en ti, con exagerado asentimiento y sin importar el que un día me digas "no me importa lo que diga la gente" y otro "hay mucha luz"; Debería entender con lógica acertada que no me tocó ser aquél que enrumbó tu vida dándote una parte de la suya y que cree que mereces un "mundo mejor", y dar por hecho que no hay otro espacio más sagrado que ese que él ocupa; Debería minimizar cualquier acercamiento de todos tus pretendientes, porque tú eres la que decides, como siempre dices, y no exaltarme nunca. Ser un personaje que calla sus dudas, que lo asimila todo, que está en casa y que cuando le dices, así con frases que expresan insignificancias: "Dijo que vendría y le dije que sí", no se sienta para nada incómodo y menos intente hacer llamadas inoportunas; Debería ser lo que quieras, todo en la oscuridad, nadie en los lugares iluminados... Y claro, lo más primordial se me está yendo: Mucho mejor sería que no te diera lástima con mis lágrimas y no fuera tan... tan... Ya sabes lo que debería, y acaso no sea suficiente detenerme aquí; pero ya no puedo seguir. Lo siento, a pesar de todo. Perdóname por ser muy humano a veces.
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Carta 9

Jueves, 18 de septiembre

Mi querida D., quiero decirte con bastante desenvoltura y paciencia para pensar cada palabra que ahora escribo, que esta madrugada, por más fría que sea, me es sumamente placentera.

Yo sí creo que hay situaciones desesperantes que cambian con brusquedad si al contraste una presencia con la gracia y lindeza que posees se aparece y extiende su brazo vivificante para darte un apretón que es como un aliento nuevo y que, ya caído uno y muy errabundo en los ausentes goces, ha de estarse de nuevas, con formas muy renovadas de ver la vida (esta que nos está tocando palpar). Creo que las mareas de dudas que a veces nos congela y se lleva nuestras palabras a la ciénega de los resentimientos y asperezas, no puede con el calor que infundes aún si yo trato de ventilar cada frase y de buscar las charcas mas lodosas donde enterrarlas. Sin lugar a dudas, haces que mi vida tenga algún sentido.

Por todo, D., digo que lo que nos está marcando, si te atreves a reconocerlo, tiene que ver con la complejidad que hay en cada una de nuestras vidas, expuestas. Para el caso, podemos hacer comparaciones, diseminar excusas, extraviarse en rincones poco concurridos, esconderse de las miradas..., todo con el afán de disminuir el grado de locura en la que nos sumerge este desasosiego irracional y muy sustentado que a voces llenas llamamos CORDURA. Y sin embargo nada es relevante, nada, menos este absurdo del que huyes y del que huyo yo en pro de tu bienestar; menos la carga que vas arrastrar cuando el yugo de las miradas pesen sobre ti, porque debes saber que va a suceder aquello; menos, mi amor, el malestar enfermizo que tendrás por causa de toda esa podredumbre del mundo que te rodea, diseminada ya, que esta vez será como un huracán devastador ansioso de llevar todo a su paso, dejando nada más que escombros.

Y si es mucho, pienso, ¿dónde podrás ocultar tu rostro? ¿Te quedarán ganas de decirme las cosas que vienes diciéndome día a día?... El pecado fue una cruz, te escucho decir, vino con herejía a posarse en mis lomos y a enterrarme junto a ti, que ya no estás más... Ciertamente, hay un desvarío en tus ojos dormidos. ¿Eres mi amor? ¿Harto? ¿Bastante? Ya sabes, son nuestros códigos. A estas alturas no importa la lógica: lo absurdo es bien recibido.

Mi querida D., muy querida. ¿Será que a veces trato de impresionarte hablándote del final? ¿Será que lo hago por llamar tu atención? ¿O es que también forma parte de lo absurdo y en suma, debo decir tantas cosas como me sea posible para encontrar el sentido que todo ser humano anhela para su vida?
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Carta 8

Martes, 09 de septiembre

Tengo, sobre mis espaldas, una gran carga. Quizás sea solo una estúpida remembranza de mis desvariados cálculos; pero, en definitiva, voy a rastras y con la moral derrumbada, a tientas. Me extiendo sin forma, disparejo, calculando la otra esquina y sin voltear la mirada. O en algún rincón, rodeado de muchas personas (o sea de nadie), absorto en mis cavilaciones y conjeturas, voy lento hacia el silencio, que me va envolviendo. No es como sentirse con ansias, o fuerte; es más bien, una estocada aminorada de paz, expandida en náufragos anónimos que alguna vez sintieron "ganas de ser lo que eran" y que ya no están más aquí sino en el lado de allá, donde los cuerpos se pudren con los segundos. Y entonces, todo vuelve a ser como en el principio. Quiero decir: ya voy a donde debo.
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jueves, noviembre 06, 2008

Carta 7

Sábado, 16 de agosto

A mí me gustaría encontrarte a cada segundo, en todos los rincones. Y cada vez que te tenga cerca, mujer, ya sabes: todo para tus manos.

A mi me gustaría encontrarte con paz, resuelta a un futuro pacífico, sin complicaciones. Es decir: Que al abrir tus formas de ver la vida, avizores un mundo callado, muy ensimismado en sus propios asuntos y sin ganas de "joder". Como en el cine, diría yo.

Entonces, para no redundar, podría decirte también, que cada vez que leo alguna palabra tuya, siento un alivio muy dentro de mis entrañas, que equivale a "sentirse afortunado".

La contraparte es que, mis ojos van, sobre un aforado mar de pronósticos, esquivando las olas turbias.

Adelante, tras el horizonte (en realidad solo puedo ver tus relieves y alguno que otro objeto poco visible en la pared), están las respuestas que anidan en tu sometimiento. Son palabras nada más, es cierto; pero cada una de ellas, escritas, olvidadas por voluntad propia, arrastra aún la turbiedad de tus aguas. Y la pared, desde luego, convoca a objetos inanimados que en realidad son seres pensantes, que están del otro lado...

A mí me gustaría, vuelvo decir, encontrarte siempre...
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Carta 6

Jueves, 24 de julio

Hay tantas cosas que quisiera decirte, D. Muchas. Todas con algún sentido poco usual, reservadas, ocultas dentro de un caparazón que tiende a ser fuerte pero que ahora está sensible y débil, muy débil. Bien pudiera no hacer nada e ignorar mis intenciones, que en verdad, lo digo ahogado en una penumbra casi complaciente, no están justificadas. A estas alturas no puedo decir que lo estén, ¡no puedo! Pero ya vez, aun sin poder y con alguna excusa que va más allá de lo que "yo" quisiera, aquí estoy, en cada palabra, en cada lamento patético que tiene mucho de "sensible", "débil", o lo que pudiera ser (incluso en los mensajes de texto). Estoy aquí, frente al ordenador, y trato (sí que trato), de organizar todas esas cosas que "quisiera decirte". Organizarlas en muchos renglones, sin paz, con frases continuas y espontáneas, con o sin intención de hacer que me prestes atención, sin usar términos rebuscados, y, sobre todo (esto es lo que me causa cierta complacencia en toda esta oscuridad fútil), con el estoicismo latente en mis entrañas por saberte lejos de mí para siempre. Y entonces, si te imagino ahora, siento como que tengo ganas de sentirme derrotado, sin acceso a tu cuerpo, caído, desangrándome (bueno, quizás exagero en esto), "cayendo al precipicio junto a las canciones que en estos instantes van corroyendo mis oídos". Por otro lado, tomando en cuenta mi lado racional y excluyendo mi emotividad, creo saber que todo lo que hago, digo o escribo, está demás. Este absurdo es una "Puesta en escena" de "Fortuna". No hay que darle la contra, no. Es decir, no lo hagas tú: no vaya a ser que haciéndolo cayeras al precipicio y llegases a odiarme creyendo que te he arrastrado demás. Te sugiero, para tal caso, que vayas en pos de otro ser humano y le consultes qué es lo que mejor te conviene. Hazlo, deja tu inteligencia atrás y ve, sepúltame lejos de tus recuerdos, obvia lo que tantas veces me dijiste y excluye también lo que yo te dije. Y cuando, si es que alguna vez recurro a ti, háblame como hoy, pídeme que "analicemos la situación" que nos concierne, recúbrete de racionalidad y se quien siempre te proclamaste ser: una mujer emancipada... Todo lo que quieras, amor grande, todo lo que quieras. Por tu bien.
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Carta 5

Viernes, 11 de julio

Estoy en una cabina de Internet. Últimamente se me ha dado por entrar en las cabinas aún sin saber por qué y sin estimar lo que pueda significar mi ausencia en donde se supone que debería estar en estos momentos. Exactamente la hora marca las 12: 20 PM, y creo que es una buena hora para escribirte. ¡Lo es! Debe serlo, además, porque sino no tendría ningún sentido el que esté aquí, como desvariando de mis rumbos, perdido, sonámbulo a causa de esos sueños repentinos que me lleva y me hace sucumbir en la nostalgia (o desesperación por no tenerte cerca para darte miles de abrazos y besos...), aburrido de no estar conforme con mis impulsos, que se pierden en la impotencia... (lo que sigue ya sabes).

Pero hoy se me ocurrió entrar en esta cabina, y lo que en un inicio me pareció incongruente y sin sentido, ahora va tornándose en secuencias ambivalentes y palpables, abstractas. Y pienso, de tenerte cerca, lo que sería capaz de decirte: "Sólo quiero que cierres los ojos y olvides lo que está pasando alrededor del mundo..." Y pienso, otra vez, miles de veces, lo que tus respuestas significan. Por ratos te encuentro gloriosa, sensible, capaz de darme todo, y sin embargo, de la nada, la intrusión envestida de ciertas palabras que me dijiste, me inducen a echar por el suelo mis entusiasmos. Entonces vuelvo a la nada, al vacío inicial, previendo una súbita emancipación de mis ánimos, que están como queriendo perderse.

También las imágenes de la noche, de un puente solitario, y de tu presencia cerca a la mía (que es un tanto la presencia de un bolchevique) compone el desenlace de esta sinrazón de medio día, tan ahogada en el ensimismamiento, calor, hambre, resistencia a no desembozar cada partitura de emoción que debería expresarla con creces y acompañado de grandes voces, y, ¡si!, esta sinrazón es un desvarío de mi alma perdida en tu regazo ausente y expuesto a la multitud que te mira con ansias y, sobre todo, mi sinrazón (es mía esta partida) te contempla en otras miradas, cerca de un brazo envejecido, muy cerca, donde te expones contraída, dispuesta a embeber ese olor que no es el mío y consciente de ser partícipe de alguna protección que no corre por mi cuenta...

Y otra vez el punto de partida... Pero, mujer, me eres indispensable, y quiero hacer lo que quieras y estar en donde tú lo prefieras... He dicho mucho, creo.

PD: me queda un minuto, así que aquí acabo.
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Carta 4

Lunes, 07 de julio

Espero que prestes atención a mis palabras, que aunque pocas, representan la emoción que estuve a punto de perder hoy.

Estimada D.

Te escribo estas palabras porque, siendo ya hoy lunes, de madrugada, se me ocurrió que podría dirigirme a ti sin desestimar mi emoción, que es grande (lo es en este instante). Ciertamente el regocijo me embarga, como que me está mostrando el final del horizonte colorido de tu cuerpo, en tiempo real, ahora... Veo tu rostro y en el tu sonrisa me está enseñando una forma excéntrica de sentirme bien... Veo tu cuerpo desnudo encima de las sábanas y te escucho decir que tienes vergüenza. Y yo, "¿de qué?" Pero la tienes y aun así permites que la luz siga prendida y, ¡entonces me siento con excesiva dicha!... Te observo más, en la penumbra. Estás ahí sobre tu cama, rodeada de almohadas, recostada sin imaginar que estoy cerca, cuidando de no perderme ni un solo movimiento tuyo. O donde estuvieses, con ruido y melodías, rodeada de personas... No importa donde, y no, porque hoy quiero amarte así, con todos tus defectos y prejuicios; hoy quiero amarte sin que me importe tus reservas y sin imaginar lo que pueda pasar de aquí a 20 años..; hoy, mujer, amarte me hace feliz, y me basta.
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Carta 3

Jueves, 19 de junio

¿Viste la luna esta noche? Era como la "O" de tu poesía. A propósito, hoy la estuve viendo con detenimiento. Y pensaba, mientras lo hacía, que luego cuando volviese a casa, te escribiría al respecto. Ciertamente eso es lo que estoy haciendo ahora, solo que no estoy seguro aún si esto va a tener sentido, así que probablemente, de no encontrar coherencia en estas palabras, las borre todo al final y me vaya a dormir al fin, satisfecho de haber modificado mi desasosiego.

"Mi desasosiego", digo, no porque quiera tornarme trágico. Es más bien, si me dejo llevar por mis reacciones naturales y voy en busca de una salida espontánea, porque quiero detenerme en una explicación ostentosa y digna de ser leída por tus ojos. Lo demás, francamente, poco me importa. Es decir, si intentara ser o parecer lo que pueda expresar mi ánimo, o abrir un espacio en tus reacciones siendo muy expresivo con las tragedias, o inventar una excusa que me permitiera acercarme a tus encantos, en verdad, que mi intranquilidad no sería suplida, al contrario: me vendría abajo con especulaciones, impotencia y remordimientos.

Pero volviendo a la luna, ¿la viste? Estaba nítida, luminosa, encantadora, tal si en esta noche se le hubiese ocurrido ponerse así solo para que la viera. Era tu "O" sin duda, no pudo haber sido otra. Yo la sentí muy cerca de mis ojos, casi al contacto de mis manos, ¿y acaso no estaba ahí también tu olor? ¡Lo estaba!, y lo sentí asperjado en todo tu cuerpo sin maquillaje... Lo sentí, y pronto empezó a diseminarse a través de mis fosas nasales hasta lo más profundo de mis entrañas. ¡Y ahí se quedó!

Después... Después...
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Carta 2

Viernes, 06 de junio

Estoy en C…

Se colgó dos veces la maquina y a la segunda vez, que fue cuando leí tu mensaje, me molesté con el administrador por las veces tan continuas que se reiniciaban estas computadoras. Entonces salí molesto y un tanto con el cerebro aturdido, vine aquí, a otro Internet, con el fin de encontrarte en línea, pero ya no estás. Es así que me decidí, en vista de que no me provoca hablar con nadie, a escribirte estas palabras.

Sabes, me gustaría tener al alcance de mis manos la decisión adecuada para cada acto que realizo, pero no logro concebir el acierto que merece dichas decisiones, es por ello, que a veces me suelo fijar en simplezas que terminan por ser tragedias... (en realidad no sé porqué te digo esto).

No sé, debe ser porque me encuentro lejos (me siento muy distante) y porque verdaderamente tengo la buena intención de hacer bien las cosas. Es solo que, creo q no hay una respuesta acertada para mi en ningún lado. Tú si la tienes, pero valoras más lo que pueda guardar tu entorno. Sí, eso es, a veces tu exclusión aun en lo que parece ser una simpleza o algo elemental me hace mucho mal, y eso, ya te dije, provocan tragedias. Ya quisiera que no fuera así, que todo fuese diferente, y no me alcanza la motivación, necesito más, ¿entiendes?, más de ti, porque tú eres indispensable, me haces falta...

"No te vayas de mi, te pido q me entiendas y espero poder entenderte.", pensaba escribirte, y lo estoy haciendo ahora, solo que la inspiración para poder convencerte ya se me fue y a estas alturas no me importa más que escribir y escribir.

Y si fueras una niña, te sentiría muy de mi propiedad. Te diría: "Cuando te digo q me molesta algo es porque no puedo remediar mis impulsos, perdona, pero acaso no puedes hacer algo también tú, como cambiar esa maldita idea de salir a lugares públicos, por ejemplo, o jurarme q no te pintarás hasta mi regreso..." Y te diría, también: "¿Por que no me complaces, amor? Entiende que estoy contrariado por tu actitud y tengo miedo de que alguien más entre en tu vida, es solo eso. No quiero ser molestoso ni nada, pero es eso, y tú puedes, sé que puedes. Y no pelearíamos y todo marcharía bien, porque pronto, si todo va bien, sé que nos irá mejor....."

Ahora ya no sé que será lo que pueda pasar después. Y me da vergüenza imaginarlo, esto porque no tengo valor para afrontar las dificultades por venir... Sí, es que a pesar de todo, me asusta la idea de encontrarte alguna vez y no poder acceder a ti. Me asusta mucho, saber que cuando te diga "eres mi reina", me digas "no lo soy". Me asustan más cosas, muchas cosas, y la vergüenza que siento está ligada a lo que no soy y debería serlo, para complacerte y te sientas bien junto a mí, sin que te importe lo demás...

Ya van 22 minutos y sigo escribiendo, quiero expresarte todo lo que siento y se me ocurre, ¿es el momento de que se me ocurra algo?, que de aquí me iré a casa y me encerraré en esa solitaria habitación y trataré de dormir, para que el nuevo día por venir me de otro tipo de visión (siempre he creído que después de un sueño siempre hay un nuevo día). Pero por ahora, en tanto, la verdad, estoy sumido en una profunda tristeza, incalculable. Hasta me da ganas de llorar, créeme, mis parpados están que tiritan, más yo me resisto por que hay una multitud a mi alrededor y solo me limito a escribirte...

También me imagino lo que estarás haciendo y eso es peor, porque, sabes, D…, te echo de menos, mucho, te quiero más de lo imaginas, y no soporto no poder decírtelo (he intentado llamarte y no tuve valor), la impotencia me ha tomado con fuerzas y está a punto de hacerme agonizar.

Creo q nunca te escribí tanto. Bueno, ya me voy.
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Carta 1

Jueves, 22 de mayo

Para la Reina más Reina de todas las Reinas

Quiero decirte, con estas palabras demasiadas usuales y nada rebuscadas, que no hay intención más grande en mí que no sea desear que la estés pasando de lo mejor, ahí en donde te encuentres, con quienes te rodeen y no importa en los brazos de quienquiera que fuese. Por otro lado, a pesar de que tus sentimientos hacia mí en nada me favorecen, una gran dicha me embarga al saber que tus agraciados ojos, en algún momento, se encontrarán con este mensaje, que es para ti, en absoluto. Nada más, o mejor dicho, no debería seguir. Pero es difícil, me cuesta no imaginarte. ¿Dónde andarás? ¿Qué estarás haciendo? Cuando te acuestas, cada noche, ¿en quién piensas? En mí no; seguro que si me asomo a tus recuerdos (las inusuales veces), es para inconarte la dicha, no para otra cosa. Y qué puedo hacer, dime; “nada”, dirás dentro de ti, y tu ausencia, que hasta entonces me habrá sepultado, lo sentiré cual caricia divina, con alivio. Eso o lo que venga, mientras tanto, con esta madrugada y el frío que me congela los dedos, hoy sólo quiero perderme en este laberinto de letras y no encontrar nunca la salida. Aquí es donde me siento conforme, y acaso luego el onanismo hará lo suyo y borrará por un rato tus imágenes.

Quiero decirte, también, que si con mis disculpas se pudiera aliviar todo ese pasado malo que nos envuelve, entonces, mis discursos durarían una eternidad; mas como sé que eso no es suficiente, doy por resuelto que mis pretensiones son de muy diferente cometido. Quizás solo te escriba para darte las gracias por estar ahí, viva; o quizás para sentirme bien conmigo mismo; pero más aún, mis intenciones van más allá de lo que puedas concebir: imaginarme junto a ti en un mundo lleno de perfecciones, donde no existan recuerdos malos, donde el sol brille siempre y todo esté al alcance de nuestras manos. Y contemplarte a cada segundo, gloriosa, resplandeciente, sin pensar en el ruido de las calles y sin dudas asfixiantes rondando cerca de nuestros actos. Sin esa maldita intrusión de presentimientos y reproches que nos enferma tanto, sin odios, sí con la tibieza de un abrazo y dulces caricias, sí con el eterno resplandor de los encuentros que traen consigo apacibles dichas, sí con nuestras manos entrelazadas en el tiempo sin contaminar...

Cómo quisiera modificar el tiempo y concebir el adecuado aspecto que tu agrado merece, y no ser lo que soy sino lo que tanto ansías. Volver atrás y que me encuentres con placer, con ganas de que siempre permanezca a tu lado...

Cómo quisiera cambiar tantas cosas...
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