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lunes, enero 11, 2010

GRATIA PLENA



Amado NERVO
(Mexicano, 1870-1919)


Todo en ella encantaba, todo en ella atraía:
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar...
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

Ingenua como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como Margarita sin par,
al influjo de su alma celeste amanecía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

Cierta dulce y amable dignidad la investía
de no sé qué prestigio lejano y singular,
más que muchas princesas, princesa parecía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

Yo gocé el privilegio de encontrarla en mi vía
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar
y cadencias arcanas halló mi poesía.
Era llena de gracia, como el Avemaría:
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!...

¡Cuánto, cuánto la quise!... Por diez años fue mía,
pero flores tan bellas nunca pueden durar...
Era llena de gracia, como el Avemaría,
y a la fuente de gracia, de donde procedía,
se volvió... como gota que se vuelve a la mar...
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sábado, enero 09, 2010

VERSOS SENCILLOS




José Julián MARTÍ
(Cubano, 1853-1895)

Por tus ojos encendidos
y lo mal puesto de un broche,
pensé que estuviste anoche
jugando a juegos prohibidos.

Te odié por vil y alevosa:
te odié con odio de muerte:
náusea me daba verte
tan villana y tan hermosa.

por la esquela que vi
sin saber cómo ni cuándo,
sé que estuviste llorando
toda la noche por mí.
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viernes, enero 08, 2010

PROFECÍA




Rafael de LEÓN
(Español, 1910-1982)

Me lo contaron ayer
las lenguas de doble filo
que te casaste hace un mes,
y me quedé tan tranquilo...
Otro cualquiera en mi caso
se hubiera echao a llorar;
yo, cruzándome de brazos,
dije, que me daba igual.
Nada de pegarme un tiro
ni enredarme en maldiciones,
ni apedrear con suspiros
los vidrios de tus balcones.
¿Que te has casao? ¡Buena suerte!
Vive cien años contenta
y a la hora de la muerte
Dios no te lo tenga en cuenta.
Que si al pie de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi mare
que no te guardo rencor.
Por qué sin ser tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
soy el que más te ha querío,
con eso tengo bastante.

Y haciendo un poco de historia,
nos volveremos atrás,
para recordar la gloria
de mis días de chaval.

¿Qué tiene el niño Malena?
Anda como trastornao
le encuentro cara de pena,
y el colorcillo quebrao.
Y ya no juega a la trompa,
ni tira piedras al río,
ni se destroza la ropa
subiéndose a cojer "níos".
¿No te parece a ti extraño?
¿No es una cosa muy rara
que un chaval de doce años
lleve tan triste la cara?...
Mira que soy perro viejo
y estás demasiá tranquila:
¿quieres que te dé un consejo:
Vigila, mujer, vigila
(Y fueron dos centinelas
los ojitos de mi mare):
Cuando sale de la escuela
se va por los Olivares.
¿Y qué es lo que busca allí?
Una niña. Tendrá el mismo
tiempo que él.
José Miguel, no le riñas
que está empezando a querer.
Mi pare encendió un pitillo,
se enteró bien de tu nombre
y te compró unos zarcillos
y a mí un pantalón de hombre.

Yo no te dije.- ¡Te adoro
pero amarré en tu balcón
mi lazo de seda y oro
de primera comunión.
Y tú fina y orgullosa
me ofreciste en recompensa
dos cintas color de rosa
que engalanaban tus trenzas.

—Voy a misa con mis primos
—Bueno te veré en la Ermita.
Y qué serios nos pusimos
al darte el agua bendita.

Más luego en el campanario
cuando rompimos a hablar:
Dice mi tiíta Rosario
que la cigüeña es sagrá
y el colorín y la fuente;
y las flores y el rocío,
y el romero de los montes
y el bronce de esta campana
y aquel torito valiente
que está bebiendo en el río,
y aquella cinta lejana
que le llaman horizonte.
Todo es sagrao, cielo y tierra,
porque too lo hizo Dios.

¿Qué te gusta más? ¡tu pelo!
Qué bonito le salió:
Pues -y tu boca y tus brazos
y tus manos redonditas,
y tus pies fingiendo el paso
de las palomas zuritas.

Con la pureza de un copo
de nieve te comparé,
te revestí de piropos
de la cabeza a los pies.
A la vuelta te hice un ramo
de pitiminí precioso.
Y luego nos retratamos
en el agüita del pozo.
Y hablando de estas pamplinas
que se inventan las criaturas,
llegamos hasta la esquina.
Yo te pregunté: —¿En qué piensas?
Tu dijiste -¡En darte un beso?-
Y yo sentí una vergüenza
que me caló hasta los huesos.
De noche muertos de luna
nos vimos por la ventana.
¡Chis!... Mi hermanito está en la cuna
le estoy cantando la "nana".

Quiíitate de la esquina
chiquillo loco,
que mi mare no
quiere ni yo tampoco.

Y mientras tú cantabas
yo, inocente, me pensé
que nos casaba la nana
como a marío y mujer.
¡Pamplinas! Figuraciones
que se inventan los chavales,
después la vía se impone:
tanto tienes, -tanto vales.
Por eso yo al enterarme
que llevas un mes casá
no dije que iba a matarme,
sino que me daba igual.
Mas como es rico tu dueño
te vendo esta profecía:
Tú, cada noche entre sueños
soñarás que me querías
y recordarás la tarde
que tu boca me besó.
Y te llamarás: ¡Cobarde!
como te lo llamo yo,
y verás sueña que sueña
que me morí siendo chico.
Y se llevó una cigüeña
"mi corazón en el pico".
Pensarás: No es cierto nada.
Yo sé que lo estoy soñando.
Pero allá en la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marío,
ni tu novio ni tu amante,
sino el que más te ha querío:
con eso tengo bastante.
Por lo demás, to se orvía.
Verás como Dios te envía
un hijo como una estrella.
Avísame deseguida
me servirá de alegría
cantarle la nana aquélla:
Quítate de la esquina
chiquillo loco,
que mi mare no quiere
ni yo tampoco.

Pensarás: No es cierto nada.
Yo sé que lo estoy soñando.
Pero allá en la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
sino el que más te ha querío:
con eso tengo bastante.
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EL AMOR EMPIEZA






Roberto JUARROZ
(Argentino, 1925-1995)

El amor empieza cuando se rompen los dedos
y se dan vuelta las solapas del traje,
cuando ya no hace falta pero tampoco sobra
la vejez de mirarse,
cuando la torre de los recuerdos, baja o alta,
se agacha hasta la sangre.

El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso:
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales.
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jueves, enero 07, 2010

CUANDO NO ESTÉS




Córdova ITURBURU
(Argentino, 1902-1977)

Cuando no estés, si es que no estás un día,
Mi voz, sin voz, te llamará sin pausa.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
Oirás mi voz en un rumor que pasa.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
Clamaré por tu gracia en toda gracia.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
Moverá mi perfil la luna fría
en las cortinas que hay en tu ventana.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
sólo oiré en las palabras tu palabra.
Cuando no esté, si es que un no estoy un día,
verás mi sombra entre la sombra fría
junto a la cabecera de tu cama.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
en cada verso mío habrá una lágrima.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
me sentirás bajo la tarde fría
llegar a ti en el son de las campanas.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te buscaré en la tierra, el aire, el agua.
Cuando no esté, si es que no estoy un día
oirás mi paso entre la sombra fría
siguiéndote los pasos por la casa.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te inventaré en el humo y en la llama.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
sorprenderá la madrugada fría
mi mano en tu cabeza despeinada.

Cuando no estés, si es que no estás un día,
te invocará en el sueño mi esperanza.
Cuando no esté, si es que no estoy un día,
en tu sueño entraré en la noche fría
cuando el sueño te cubra con sus aguas.
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LA HORA



Juana de IBARBOUROU
(Uruguaya, 1895-1979)

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora, que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora, que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.

Ahora, que en mis labios repica la risa
como la campana sacudida a prisa.

Después... ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. Oh, amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?
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EL FUERTE LAZO



Juana de IBARBOUROU
(Uruguaya, 1895-1979)

Crecí
para ti.
Tálame. Mi acacia
implora a tus manos el golpe de gracia.

Florí
para ti.
Córtame. Mi lirio
al nacer dudaba ser flor o ser cirio.

Fluí
para ti.
Bébeme. El cristal
envidia lo claro de mi manantial.

Alas di
por ti.
Cázame. Falena,
rodeo tu llama de impaciencia llena.

Por ti sufriré.
¡Bendito sea el daño que tu amor me dé!
¡Bendita sea el hacha, bendita la red,
y loadas sean tijeras y sed!

Sangre del costado
manaré, mi amado.
¿Qué broche más bello, qué joya más grata,
que por ti una llaga color escarlata?

En vez de abalorios para mis cabellos,
siete espinas largas hundiré entre ellos.
Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas,
como dos rubíes, dos ascuas bermejas.

Me verás reír viéndome sufrir.
Y tú llorarás,
y entonces... ¡más mío que nunca serás!
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miércoles, enero 06, 2010

EL RAYO QUE NO CESA



Miguel HERNÁNDEZ
(Español, 1910-1942)

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado
y del rostro y el beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.
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martes, enero 05, 2010

CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO




Miguel HERNÁNDEZ
(Español, 1910-1942)

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
aislado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
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PARA UN "MENÚ"



Manuel GUTIÉRREZ NÁJERA
(Mexicano, 1859-1895)

Las novias pesadas son copas vacías;
en ellas pusimos un poco de amor;
el néctar tomamos..., huyeron los días...
¡Traed otras copas con nuevo licor!

Champagne son las rubias de cutis de azalia;
Borgoña los labios de vino carmín;
los ojos oscuros son vino de Italia,
¡los verdes y claros son vino del Rhin!

Las bocas de grana son húmedas fresas;
las negras pupilas escancian café,
¡son ojos azules las llamas traviesas
que trémulas corren como almas del té!

La copa se apura, la dicha se agota;
de un sorbo tomamos mujer y licor...
Dejemos las copas... Si queda una gota,
¡que beba el lacayo las heces de amor!
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lunes, enero 04, 2010

TU RECUERDO


Nicolás GUILLÉN
(Cubano, 1902-1989)

Siento que se despega tu recuerdo
de mi mente como una vieja estampa;
tu figura
no tiene ya cabeza
y un brazo está deshecho, como en esas
calcomanías desoladas
que ponen los muchachos en la escuela
y son después en el libro olvidado
una mancha dispersa.

Cuando estrecho tu cuerpo
tengo la sensación de que estuviera hecho de estopa.
Me hablas y tu voz
me viene de tan lejos
que apenas puedo oírte. Además
ya no te creo.

Yo mismo, ya curado
de la pasión antigua,
me pregunto cómo fue que pude amarte,
tan inútil, tan vana,
tan floja que antes del año
de tenerte en mis brazos
ya te estás deshaciendo como un jirón de humo,
y ya te estás borrando como un dibujo antiguo,
y ya te me despegas en la mente,
como una vieja estampa.
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ENCUENTRO


Antonio Alejandro GIL
(Argentino, 1884-1952)

La vi. ¡Qué mala pasada!
¡Qué desencanto, qué pena!
Su dulce cara morena
de virgen inmaculada,
ha sido hondamente arada
por un tiempo labrador.
No queda de aquel albor
ni el más mínimo destello;
ni el sello, siquiera el sello
de su pasado esplendor.
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jueves, diciembre 31, 2009

ROMANCE SONÁMBULO



Federico GARCÍA LORCA
(Español, 1899-1936)

A Gloría Giner
y a Fernando de los Ríos

Verde, que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde, que te quiero verde
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
Pero ¿quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
-Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
-Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
-Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
-Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
-Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

Verde, que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
-¡Compadre! ¿Dónde está, dime,
dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esa verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde, que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.
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LA CASADA INFIEL



Federico GARCÍA LORCA
(Español, 1899-1936)

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo, el cinturón con revólver.
Ella, sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy:
como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande, de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque, teniendo marido,
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.
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ES VERDAD



Federico GARCÍA LORCA
(Español, 1899-1936)

¡Ay qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!

Por tu amor me duele el aire,
el corazón
y el sombrero.

¿Quién me compraría a mí
este cintillo que tengo
y esta tristeza de hilo
blanco, para hacer pañuelos?

¡Ay qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!
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HOY VUELVO A LA CIUDAD ENAMORADO...




Antonio GALA VELASCO
(Español, 1937- ...)

Hoy vuelvo a la ciudad enamorado
donde un día los dioses me envidiaron.
Sus altas torres, que por mí brillaron,
pavesa sólo son desmantelada.

De cuanto yo recuerdo, ya no hay nada:
plazas, calles, esquinas se borraron.
El mirto y el acanto me engañaron,
me engañó el corazón de la granada.

Cómo pudo callarse tan deprisa
su rumor de agua oculta y fácil nido,
su canción de árbol alto y verde brisa.

Dónde pudo perderse tanto ruido,
tanto amor, tanto encanto, tanta risa,
tanta campana como se ha perdido.
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jueves, diciembre 10, 2009

CUANDO TENDRÉ, POR FIN, LA VOZ SERENA...




Antonio GALA VELASCO
(Español, 1937- ...)

Cuándo tendré, por fin, la voz serena,
sencillo el gesto, la ansiedad cumplida,
sigilados los labios de la herida,
mi pleamar cansada por tu arena.

Cuándo mi sangre trazará en la vena
su ronda acostumbrada y consentida,
y unánimes irán —corta la brida-
el fiero gozo y la dorada pena.

Cuándo estará mi boca sosegada,
suave el aliento, el beso compañero,
compartida la gracia de la almohada.

Cuándo llegará el día verdadero
en que me suelte ya de tu mirada,
para poder decirte que te quiero.
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jueves, noviembre 19, 2009

SONETO DE TUS VÍSCERAS


Baldomero FERNÁNDEZ MORENO
(Argentino, 1886-1950)

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada
al bazo, al páncreas, a los epiplones
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.
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martes, noviembre 17, 2009

AQUÍ ME TIENES



Nira ETCHENIQUE
(Argentina, 1930-...)

Aquí me tienes. ¿Recuerdas...? Así te dije.

No tienes que tomarme porque tuya soy desde hace siglos.

Desde el primer hombre y la primera mujer.
Nuestra historia no empieza...
¡Si los años lo saben de hace tanto...!
La escribimos nosotros; sí, nosotros;
otra carne, otra luz, otra distancia,
pero tu alma y la mía siempre fueron.
Tuya soy; desde el aire y la tumba, tuya soy;
desde el soplo primero de la vida
hasta el poderoso misterio de la nada.
No tienes que tomarme;
estoy en ti como puedes estarlo tú en ti mismo;
así estoy, porque existes, simplemente...
Lo nuestro no comienza...
con el primer latido de la tierra
mi piel y mi sueño fueron tuyos,
y heredados a través de los paisajes,
modelados por los siglos,
por las piedras durísimas y tristes de las horas,
aquí están...
Aquí están, piel y sueño de tu piel y sueño;
aquí están, en la arteria vital de tu silencio
y en el canto socavado de tu sangre.

Aquí me tienes.
Tuya soy sin razones y sin gestos;
así, simplemente, porque siempre,
desde siglos y siglos tuya fui...
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DESEOS


Salvador DÍAZ MIRÓN
(Mexicano, 1853-1928)

Yo quisiera salvar esa distancia,
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu ser despide.


Yo quisiera ser uno de los lazos
con que decoras tus radiantes sienes;
¡yo quisiera, en el cielo de tus brazos,
beber la gloria que en tus labios tienes!...

Yo quisiera ser agua y que en mis olas,
que en mis olas vinieras a bañarte
para poder, como lo sueño a solas,
a un mismo tiempo por doquier besarte.

Yo quisiera ser lino, y en tu lecho,
allá en las sombras, con ardor cubrirte,
temblar con los temblores de tu pecho
y morir del placer de comprimirte.

¡Oh!... ¡Yo quisiera mucho más!... ¡Quisiera
llevar en mí, como la nube, el fuego;
mas no como la nube en su carrera,
para estallar y separarnos luego!...

Yo quisiera en mí mismo confundirte,
confundirte en mí mismo y entrañarte;
yo quisiera en perfume convertirte,
convertirte en perfume y aspirarte.

Aspirarte en un soplo como esencia,
y unir a mis latidos tus latidos,
y unir a mi existencia tu existencia,
y unir a mis sentidos tus sentidos.

Aspirarte en un soplo del ambiente,
y así verter sobre mi vida en calma
toda la llama de tu pecho ardiente
y todo el éter de lo azul de tu alma.

Aspirarte, mujer... De ti llenarme.
Y en ciego y sordo y mudo constituirme,
y ciego y sordo y mudo consagrarme
al deleite supremo de sentirte
y la dicha suprema de adorarte.
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