miércoles, abril 15, 2009

Solo para ti



(poema de amor anónimo)

con tu sonrisa que mueve mi mundo,
con tu belleza que no me permite mirarte a los ojos
pues me hace pensar que no te tendré nunca entre mis brazos,
saberte muy lejana y tenerte tan cerca,
tenerte tan cerca y no poder tenerte,
que injusta es la muerte por dejarme vivir sin tu vida.

No es pedir mucho, tan solo es soñar un momento,
soñar con un sueño que no tenga tristezas
y haga que mi alma tenga el respiro de tenerte solo en sueños,
solo un sueño es lo que vivo sin ti,
sin tus sonrisas, tus caricias… tu presencia.

Tiemblo al decirte hola,
mi cuerpo se desgarra al suplicarte una caricia,
te llamo entre sueños, te exijo en mis pensamientos,
y tu… no apareces, te pierdes sin decir nada,
sin decir siquiera una maldita palabra,
un adiós, un hasta luego, tal vez un te quiero
o tal vez conformarme con una mirada
que me llene tan solo por un momento,
y después, ¿que haré de nuevo?,
esperar a que en silencio muera desesperado,
o solamente esperar que tu amor
se derrumbe al precipicio de mis brazos.

Dime por que temer
si ha llegado a tu vida la alegría,
si tan solo en los sueños de mi insomnio
esta solo entregarte toda mi existencia,
para así encontrarte, para no perderte,
y ya nunca dejar de soñarte
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martes, abril 14, 2009

Corazón Ardiente (Anónimo)


QUISIERA ESTAR CERCA,
MUY CERCA DE TI,
ESCUCHAR TUS PASOS,
EL ECO DE TU VOZ,
LA MIRADA DE TUS OJOS,
LA SONRISA DE TUS LABIOS.

SIENTO UNA TERRIBLE MELANCOLÍA,
QUE DÍA CON DÍA
ME CONSUME Y ME MATA.

COMO HIERRO CANDENTE,
ARDE MI ALMA,
EN LA HOGUERA
DE MI CORAZÓN ARDIENTE
QUE SE QUEMA POR NO CONOCERTE.

QUISIERA ESTAR CERCA,
MUY CERCA DE TI.
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lunes, abril 13, 2009

Yo no te pido (anónimo)





Yo no te pido que cuando camines
junto a mi me lleves de la mano
ni que al despertar sea mi nombre
lo primero que pronuncien tus labios;
pues se bien que no vas a enamorarte
de alguien que en tu vida es un
a veces, un instante.


Yo no te pido que me prometas
que estarás siempre a mi lado,
ni pienso que después de darme
un beso me miraras a los ojos
para decirme yo te amo.
pues se bien que para
llegar a ser dueño de tu corazón
tengo que recorrer un camino muy largo.


Yo no te pido que me pienses
ni que me extrañes solo quiero
formar parte de tu vida
y dejes que te ame sin tiempo
y sin espacio, que te envuelva
mi ternura y encuentres paz a mi lado.
pues como ya sabrás yo no espero
que sacrifiques tu libertad para
hacer mi sueño realidad
lo único que te pido es:
deja que te ame
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El silencio (anónimo)



Aunque nunca mi cariño,
tenga el precio de tus besos,
aunque nunca mis palabras
repercuten en tu pecho.
Yo lo mismo he de quererte
sin palabras y en silencio,
como quieren los que sufre... en silencio.
porque te llevo en el alma
como si fueras un sueño,
como si todo lo tuyo
se adormeciera en mi pecho.
Benditas sean las horas
que ha solas en mi cuarto
sin mirarte, yo te veo
Y ese viajero incolgable,
que se llama pensamiento,
que te sigue a todas partes
para cubrirte de besos,
Porque tu me has enseñado
a quererte desde lejos,
con los ojos, con el alma
sin palabras y en silencio.....
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Orillas de tu vientre (Miguel hernández)

¿Qué exaltaré en la tierra que no sea algo tuyo?
A mi lecho de ausente me echo como a una cruz
de solitarias lunas del deseo, y exalto la orilla de tu vientre.

Clavellina del valle que provocan tus piernas.
Granada que ha rasgado de plenitud su boca.
Trémula zarzamora suavemente dentada
donde vivo arrojado.

Arrojado y fugaz como el pez generoso,
ansioso de que el agua, la lenta acción del agua
lo devaste: sepulte su decisión eléctrica
de fértiles relámpagos.

Aún me estremece el choque primero de los dos;
cuando hicimos pedazos la luna a dentelladas,
impulsamos las sábanas a un abril de amapolas,
nos inspiraba el mar.

Soto que atrae, umbría de vello casi en llamas,
dentellada tenaz que siento en lo más hondo,
vertiginoso abismo que me recoge, loco
de la lúcida muerte.

Túnel por el que a ciegas me aferro a tus entrañas.
Recóndito lucero tras una madreselva
hacia donde la espuma se agolpa, arrebatada
del íntimo destino.

En ti tiene el oasis su más ansiado huerto:
el clavel y el jazmín se entrelazan, se ahogan.
De ti son tantos siglos de muerte, de locura
como te han sucedido.

Corazón de la tierra, centro del universo,
todo se atorbellina con afán de satélite
en torno a ti, pupila del sol que te entreabres
en la flor del manzano.

Ventana que da al mar, a una diáfana muerte
cada vez más profunda, más azul y anchurosa.
Su hálito de infinito propaga los espacios
entre tú y yo y el fuego.

Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro.
La losa que me cubra sea tu vientre leve,
la madera tu carne, la bóveda tu ombligo,
la eternidad la orilla.

En ti me precipito como en la inmensidad
de un mediodía claro de sangre submarina,
mientras el delirante hoyo se hunde en el mar,
y el clamor se hace hombre.

Por ti logro en tu centro la libertad del astro.
En ti nos acoplamos como dos eslabones,
tú poseedora y yo. Y así somos cadena:
mortalmente abrazados.

Nota: Poema Incompleto entre los borradores póstumos, recogido por Gue­rrero Zamora en Miguel Hernández, poeta (1910-1942), cit. En Obra poética completa, ed. cit., se incluye dentro del grupo de poemas no incluidos en libro escritos entre 1937 y 1939.
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miércoles, abril 01, 2009

Un héroe anónimo

Al final, todo acabó como él, nuestro héroe de esta historia, quiso que fuera. Hubo un día, sí, que se sintió muy seguro de levantarse a toda prisa y correr, llegar primero, ganar, sobre todo ganar. Pero el camino tuvo muchos obstáculos, abismos en los costados, lodo… No, no era tan fácil su avance, aquello lo comprobó muy pronto, después de que se viniera abajo con el primer tropezón. Y entonces sufrió mucho, porque las caídas duelen, enferman a veces; no obstante el dolor más profundo tuvo su origen en la desesperación que le produjo la impotencia. Estar ahí, detenido, inmóvil, sin poder dar un paso, viendo a las avecillas volar y cantar, recordando con añoranza los buenos tiempos, nostálgico (“Érase una vez un héroe de verdad que murió patéticamente por un simple tropiezo…”). Detenido, vertiendo sus pasos contra sí mismo. “¿Qué no lo vez?” No, nada. Suelen ser muy oscuras las travesías, luego la negrura de la noche, el frío viento, los dolores que cada vez avanzan más, hasta lo más profundo, la estoica paz que se ahonda con cada sufrimiento…, y en fin, pronto amanece y al menos hay una seguridad de que el sol va a calentar un poco.

Finalmente su gran día se fue volando, desapareció en el infinito, murió. Sin embargo, aún perdido, este día siguió latente en su cerebro. Eran escenas ficticias nada más, vagos recuerdos; pero ahí estaba en ciertos lapsos, asomándose a su credulidad. Entonces era una gran hazaña su vida, un complemento de todo lo humanamente vivido. Grande, sabiondo de los conceptos que atañen a los letrados, conocedor del arte y otras expresiones, reflexivo, un héroe, sí, veredicto final de su doctrina. Claro que, en todo caso, siempre habrá mucho de ficción, engaño, estafa, ¡y qué!, ¡vale el momento!, ¡importa las expectativas del presente!

Acabó mal, ya lo sabemos. Se dejó caer, su cuerpo rígido se fue encogiendo aún más, hasta comprimirse y formar parte de la estulticia inerte que lo conforma el todo. En adelante, tampoco lo ignoramos, él, nuestro héroe caído, será como todos nosotros. O quizás suceda, en el mejor de los casos, que olvide todo y enloquezca.
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sábado, enero 24, 2009

Carta 12

Ya no me siento solo


En parte, ya no me siento tan solo, ni triste, ni tengo ese dolor de cabeza abrumador que suele perseguirme con insistencia, ni me duele el estómago. Tampoco hace frío ya: esta tarde más bien está calurosa.


Afuera, creo yo, el mundo sigue conspirando contra mí. El plan que tiene, yo lo intuyo, es macabro: cuando logre verme desprotegido y sin defensas, me aplastará como a un gusano. Toneladas de tierra, lodo, arena y más, veo venirse por mis espaldas, sepultándolo todo (también a mis rastros).

Implica mucho estar vivo para saber lo que a uno le espera. Hay malicia, incertidumbre, arrepentimiento, miedo, hasta cierta consigna y grado de intelectualidad en cada pronóstico por vivir; pero la razón de sabernos vivos no radica en saber lo que debe sucedernos, todo lo contrario, el "no saber" comprende un universo de perspectivas y cosas nuevas.

Es como se quiere estar. Entonces la muerte se consuma patética y hostil, venerable, muy ensimismada en su soberbia. De ella (de su oscura boca), miles de versos fluyen ostentosos, versátiles, mostrando en cada figura un escenario fútil, nada novedoso pero incomprensible para cualquiera.
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