miércoles, abril 29, 2009

TE QUIERO


Mario BENEDETTI
(Uruguayo, 1920- )

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
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CORAZÓN CORAZA


Mario BENEDETTI
(Uruguayo, 1920- )

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío

tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.
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ME NOMBRAS MARIPOSA...


Jacinto BENAVENTE
(Español, 1866-1954)

Me nombras mariposa y me convida
tu amor a consumirme con su llama;
mas prefiero volar de rama en rama
y alegre perseguir mi alegre vida.

No pienses que detenga la partida
Bien sé, aunque lo contrario tu amor clama,
que más se sufre donde más se ama;
y más se goza donde más se olvida.

Tu amor me hizo olvidar un amorío,
y otro me hará olvidar tus dulces lazos.
Mientras tenga vigor, triunfar confío.

Mas si cansado de mudar regazos
busco reposo al fin, juro, bien mío,
buscarlo sólo en tus amantes brazos.
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RIMA XXX


Gustavo Adolfo BÉCQUER
(Español, 1836-1870)

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún.- ¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?
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YO PIENSO EN TI


José BATRES MONTUFAR
(Guatemalteco, 1809-1844)

Yo pienso en ti, tú vives en mi mente,
sola, fija, sin tregua, a toda hora,
aunque tal vez el rostro indiferente
no deje reflejar sobre mi frente
la llama que en silencio me devora.

En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de luz que el sol envía
a través de una bóveda sombría
al roto mármol de una sepultura.

Callado, inerte, en estupor profundo,
mi corazón se embarga y se enajena,
y allá en su centro vibra moribundo
cuando entre el vano estrépito del mundo
la melodía de tu nombre suena.

Sin lucha, sin afán y sin lamento,
sin agitarme en ciego frenesí,
sin proferir un solo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento
y pienso en ti!
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MAS ALLÁ DE LA MUERTE


Federico BARRETO
(Peruano, 1862-1929)

Es invierno y una noche negra, fría y tempestuosa
en la lúgubre capilla de un asilo monacal
yace el cuerpo inanimado de una joven religiosa,
que agobiada por la pena se murió como una rosa
arrancada de su tallo por el fiero vendaval.

Blanco traje que realza su magnífica belleza
simboliza su inocencia, su bondad y su candor
rosas blancas en capullo le circundan la cabeza,
y parece aquella virgen que murióse de tristeza
una novia desmayada en su tálamo de amor.

El silencio que allí reina es tan sólo interrumpido
por el viento que sacude las vidrieras al pasar,
por el viento y otras veces por el tétrico graznido
de los búhos que allí moran, que han formado allí su nido
y que atisban lo que pasa por la grieta de un altar.

Mil rumores misteriosos, mil incógnitos sonidos
llegan vagos y confusos a la casa del Señor
es un lúgubre concierto, de sollozos y gemidos
de susurros y plegarias, de mil ecos doloridos
que acongojan y estremecen, que dan pena y dan horror.

Cuatro cirios iluminan con fulgores inseguros,
el cadáver de aquel ángel de belleza y de virtud
y las sombras que proyectan esos cirios en los muros
van y vienen en silencio por los ámbitos oscuros
como un coro de fantasmas circundando un ataúd.

Dan las doce lentamente en el viejo campanario
y al vibrar en la capilla la hora tétrica y fatal
sale un monje de albo traje por la puerta del sagrario
atraviesa a pasos lentos el recinto solitario,
y se postra de rodillas ante el lecho funeral.

Se diría que le agobia todo un mundo de tristezas
que le mata el desconsuelo, que se muere de aflicción.
¿Por qué crispa sus dos manos? ¿Por qué inclina la cabeza?
¿Por qué tiembla? ¿Por qué gime, por qué llora, por qué reza?
¡hay misterios que estremecen hasta el fondo del corazón!

De repente se alza el monje del helado y duro suelo
a la muerte se aproxima y la llama a media voz,
y al ver que ella sigue muda, sigue fría como el hielo
la acaricia con ternura, la mirada eleva al cielo
y murmura entre los dientes "Qué justicia Santo Dios"

Luego clava sus pupilas en la pálida doncella
la contempla largo rato con recóndita piedad
y tomando entre sus manos una mano de las de ella
la aproxima hasta sus labios, con un ósculo la sella
y habla y gime y llora a gritos como un niño en la orfandad.

¡Dora! exclama: ¡Dora mía! te estoy viendo muda y yerta;
y no creo que la muerte haya osado herirte a ti
¡muerta tú!... ¿será posible? no, mil veces no estás muerta,
duermes... sueñas, estás viva, por piedad mi amor despierta
no te mueras, no me dejes, vive, vive para mí.

Yo era huérfano, y estaba solo y triste en este suelo
mas Dios quiso que te hallara y no tuve penas ya,
¿lo oyes Dora? ¡Dios lo quiso! piedad tuvo de mi duelo
y para ángel de mi guarda te envió un día desde el cielo,
tú no puedes pues morirte, Dios no quita lo que da.

Así envuelta en blancos tules, coronada así de flores
ofrecí llevarte al templo y jurarte esclavitud,
¡sueño efímero! tus padres por matar nuestros amores
te encerraron en este antro de recónditos dolores
y hoy que vengo a buscarte te hallo en un ataúd.

Pobre novia de mis sueños, pobre tórtola sin nido,
virgen mártir que viviste con el alma rota en dos
¿por qué callas si te llamo? ¿por qué no oyes mi gemido?
¿te cansaste de esperarme y a los cielos has partido?
Vuelve... vuelve te lo ruego, yo te quiero como a Dios.

Calla el monje, mas de pronto como un loco que se excita
toma en brazos aquel ángel que en la vida tanto amó
y besándola en la boca "¡Vuelve en ti por Dios le grita!"
toma mi alma, en este beso, resucita, resucita.,
toma mi alma, toma mi alma, vive tú aunque muera yo.

Un prodigio se ve entonces, ella agita sus despojos
como herida de repente, por el dardo del dolor
en sus pálidas mejillas, aparecen tintes rojos,
quiere hablar, mueve los labios; ya despierta, abre los ojos
todo alivia, hasta la muerte a los besos del amor.

Una aurora clara y bella a la noche ha sucedido
y en el templo que el sol baña y empieza a iluminar
yace el monje de albo traje junto al féretro tendido
y los búhos que allí moran, que han formado allí su nido
lo contemplan con asombro por la grieta de un altar.

¡Está muerto! y se diría que perdura en su hondo duelo
que repite entre los dientes: "Qué justicia Santo Dios"
¡está muerto! lo mataron el dolor y el desconsuelo,
no halló aquí a su prometida y a buscarla se fue al cielo,
¡Ya están juntos! una tumba es la tumba de los dos.
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YO SÉ BIEN QUE OTRA VEZ... TE QUISE MUCHO


Enrique BANCHS
(Argentino, 1888-1968)

Yo sé bien que otra vez te quise mucho,
pero hace tanto tiempo, ¡pero tanto!
que del lejano tiempo sólo escucho
dentro de mí, sin causa siempre, el llanto.

Es un sollozo como un ala viva
y una espina en la sombra la apuñala,
¡ira torpe en la mísera cautiva!
y el ala en sangre y traspasada, el ala

se agita siempre en sangre y traspasada.
¿Ha existido ese tiempo? No tal vez...
Pero una cosa es cierta: una mirada

vista en el fondo de una edad pasada,
(sobre las tumbas, sobre mucha nada,
entre las almas) por primera vez.
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